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Hillary Clinton se acerca a una victoria histórica

Análisis sobre las claves y la evolución de las elecciones de EE.UU. a un día de las votaciones

Lunes, 7 de Noviembre, 2016

Por: Por Alexandre Muns, profesor del Master en Dirección de Comunicación Corporativa de EAE Business School

Desde 1952 los Demócratas no han ganado tres elecciones presidenciales consecutivas. Las elecciones de 2016 son las únicas desde 1952 (con la excepción de la victoria de Obama en 2008) en las que ningún presidente ni vicepresidente encabeza el ticket de uno de los dos partidos principales. Por consiguiente, las de 2016 tenían que ser reñidas. La victoria para la ex senadora por Nueva York Hillary Clinton dependía de su capacidad de mantener unida la coalición que forjó Obama. Hillary necesitaba y obtendrá el voto de los hispanos, de los afro-americanos, de los más jóvenes (los denominados millenials, los nacidos después de 1980), de los americanos de origen asiático, de las mujeres con estudios y de los afiliados a los sindicatos. Los Demócratas también tradicionalmente reciben el apoyo de los blancos de clase media-baja y de menos ingresos. Pero estos dos últimos grupos son los que ha sabido seducir Donald Trump con un mensaje demagógico idéntico al que repite el Frente Nacional en Francia, Geert Wilders en los Países Bajos, Victor Orban en Hungría, o Alternative für Deutschland.

Ante una globalización que crea desigualdades y mercados laborales complejos debido al avance de la tecnología, los demagogos ofrecen a los inseguros o enfadados votantes una fórmula mágica: eliminemos la inmigración, que roba empleos a los nativos, ejerce presión a la baja sobre los salarios, fomenta el abuso de las prestaciones del estado del bienestar, genera criminalidad y es una amenaza para la seguridad en el caso de los musulmanes. La clase política tradicional tiene dificultades para ofrecer una contranarrativa a dicha falsa argumentación desmentida rotundamente por las estadísticas. Implica defender acuerdos de libre comercio, buscar fórmulas para que los trabajadores menos cualificados obtengan más formación y políticas que incentiven el ahorro y deducciones fiscales para una población que envejece.

Después de perder ante Obama en 2012, Mitt Romney y la cúpula del partido Republicano aseguraron que diseñarían una estrategia para recuperar parte del voto hispano que logró George W. Bush -- Obama obtuvo el 71% del voto hispano en 2012. En 1988, George H.W. Bush ganó un 54% del voto popular, 40 estados y más de 400 votos electorales. Ningún candidato ganador ha conseguido igualar desde entonces tal porcentaje del voto popular ni votos del colegio electoral. Bush padre fue el último presidente o candidato republicano que ganó en estados del noreste y de la costa este, además de arrasar en los famosos suburbios de grandes ciudades y ganar el voto femenino. Debido a los cambios demográficos en EEUU, Romney perdió contra Obama en 2008 a pesar de recibir un porcentaje casi idéntico del voto blanco al que apoyó a Bush en 1988 en su aplastante victoria. EEUU ya no es un país blanco, sino marrón. George W. Bush fue capaz de ganar (por márgenes estrechos) en dos ocasiones porque el Partido Republicano incorporó a la derecha religiosa (Christian conservatives) a su tradicional coalición. En el año 2000 Bill Clinton dejó la Casa Blanca con unos EEUU en una magnífica situación macroeconómica -- superávit presupuestario, crecimientos PIB anuales del 3% durante los noventa -- y avances decisivos en la reducción de la pobreza, de la dependencia de las subvenciones sociales y un aumento de la renta de las clases bajas y media. Pero los mismos escándalos de Bill Clinton que Trump ha utilizado contra Hillary desde junio de 2015 también propiciaron que los votantes centristas desearan un cambio. Bush hijo había sido gobernador de Texas y se defendía en castellano. Desde la época de Bush 43, el Partido Republicano se ha escorado aún más a la derecha, obsesionándose con su deseo de reducir el tamaño del gobierno federal, asegurando que cualquier inversión (en infraestructuras de transporte o energía) es un gasto y adoptando posiciones de extrema derecha en materia de aborto, rechazo del cambio climático y de cualquier control a la venta de armas. Pero la Cámara de Representantes y Senado controlados por los Republicanos durante la presidencia de Obama no han sido suficientemente radicales para una parte del electorado republicano. Dichos votantes, predominantemente blancos y sin estudios universitarios, sienten un odio visceral hacia la clase política en general, y se sentían decepcionados incluso por el insuficiente (para ellos) radicalismo del Tea Party.

Trump entendió mucho mejor que sus dieciséis contrincantes a la nominación republicana que las bases enfadadas del Partido Republicano no querían ideas y soluciones complejas, sino una revolución contra la clase política. Se aprovechó de este miedo e inseguridad de los votantes afectados por la pérdida de empleos en los sectores industriales tradicionales, disgustados por la inmigración ilegal, los atentados terroristas, el coste económico y humano de las intervenciones de EEUU en el extranjero y cambios sociales y culturales como la legalización del matrimonio homosexual y de las drogas blandas. Todos subestimaron a Trump. Con su experiencia de presentador de programas de televisión, fue capaz de convencer a dieciséis millones de votantes republicanos que él era el verdadero conservador que mandaría a Hillary Clinton a la cárcel y acabaría con la corrupción y el poder de los lobbys sobre el sistema político y económico. Sus insultos contra las mujeres, inmigrantes, periodistas, contrincantes y cualquiera que le plantara cara reforzaba su atractivo ante sus seguidores. Por fin tenían a un candidato realmente furioso y enfadado como ellos que llamaba a las cosas por su nombre y se comportaba con la máxima incorrección política posible. Trump iba a asegurarse que Estados Unidos no avanzaría hacia una sociedad multiracial y multicultural. Los hombres blancos de estados conservadores o del Medio Oeste que conducen grandes furgonetas, beben cerveza y llevan armas en público sienten que les están robando su país.

Después de las convenciones de julio, Hillary se adelantó nuevamente en las encuestas porque Trump pensó que su estrategia en las primarias republicanas se podría repetir en las generales. Su campaña no podía ni quiso competir con la red de oficinas, personal y voluntarios de Hillary en los cincuenta estados. Trump continuó insultando a diestro y siniestro en lugar de ampliar su base de votantes. No supo apelar a los votantes independientes. Después de la emisión de la cinta de Access Hollywood se esvaneció cualquier posibilidad de que contara con el apoyo de las mujeres blancas con estudios que viven en los suburbios de las grandes ciudades. Trump había conseguido reducir la ventaja de Hillary cuando Kelly Anne Conway se convirtió en su directora de campaña en agosto. Conway supo disciplinar al empresario neoyorquino y consiguió que en sus mítines leyera los discursos preparados en lugar de espetar el primer improperio que le pasara por la cabeza. A mediados de septiembre muchas encuestas reflejaban un empate entre Hillary Clinton y Donald Trump en el voto popular. Pero la candidata demócrata ganó contundentemente los dos primeros debates televisivos – y en el primero provocó a Trump de forma magistral. El empresario inmobiliario empezó a twittear de manera descontrolada a altas horas de la madrugada, insultando a una ex miss universo, en lugar de centrarse en sus ataques a Hillary o sus intentos insuficientes para conseguir ampliar su base. La emisión de la cinta de Access Hollywood y el testimonio de numerosas mujeres que aseguran haber sido víctimas de acoso sexual por parte de Trump a un mes de las elecciones fue la gota que colmó el vaso. Numerosos cargos republicanos y senadores y congresistas anunciaron que no votarían por él. Como es habitual cuando es criticado, el ex presentador de “The Apprentice” lanzó ataques demoledores contra los republicaron que le censuraban y desarrolló una narrativa, según la cual, la clase política tradicional y los medios de comunicación habían corrompido el sistema político y no tenía intención de aceptar los resultados finales. Hillary amplió su ventaja hasta once puntos, y los Demócratas empezaron a soñar con ganar estados tradicionalmente Republicanos como Arizona, Georgia e incluso Texas, además de recuperar el control del Senado.

Pero cuando todo parecía visto para sentencia, a diez días de las elecciones el director del FBI James Comey anunció que el descubrimiento de nuevos emails entre la mano derecha de Hillary (Huma Abedin) y su aún marido, investigado por acoso sexual por móvil, conllevaba la reapertura de la investigación cerrada en julio sin presentación de cargos sobre el uso incorrecto de un servidor y cuenta de email privados por parte de la ex ministra de Asuntos Exteriores y su ampliación al posible trato de favor a donantes a la fundación Clinton. Con una cascada diaria de emails internos de la campaña aireados por Wikileaks y el anuncio de Comey, Trump pareció poder resurgir de sus cenizas. Disminuyó la ventaja de Clinton a cuatro puntos -- vaticino vencerá a Trump por 48 contra 44 el próximo ocho de noviembre, con Johnson en un 5% y la candidata verde Stein con 3%. Trump se lanzó a un frenesí de mítines por estados que ganó Romney, los denominados battleground (tradicionalmente reñidos) y los más vulnerables del bando demócrata.

Pero Trump no tiene ninguna posibilidad de ganar. El Partido Demócrata ha perfeccionado durante décadas métodos para asegurarse que sus seguidores acuden a las urnas. Ya han votado cuarenta millones de estadounidenses por correo. Los resultados del voto anticipado muestran que disminuirá algo el apoyo de los afro-americanos por Hillary respecto a Obama. Pero los hispanos están votando de manera masiva, y son 27 millones. Clinton ganará todos los estados dónde venció Obama menos Ohio y Lowa. Es altamente improbable que Trump consiga imponerse en Michigan, Wisconsin o Minnesota, tres estados del Medio Oeste afectados por la desindustrialización. El muro de contención de Clinton es muy sólido.

Aunque pronostico que ganará Hillary en Florida y Carolina del Norte, el aspirante republicano incluso ganando dichos dos estados y Ohio necesitaría imponerse en dos estados del Medio Oeste y New Hampshire para alcanzar la mágica cifra de 270 votos electorales. En los últimos días de la campaña el presidente Obama y la primera dama, el vicepresidente Biden, el senador Bernie Sanders, el candidato a vicepresidente Tim Kaine y superestrellas musicales y deportivas (Beyonce, Jay Z, LeBron James) han participado en mítines multitudinarios para movilizar a las bases demócratas.

 

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