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Relaciones peligrosas: PIB, deuda pública, deuda familiar, nivel de bienestar y conflicto intergeneracional

A mayor deuda pública sobre el PIB, menor es la solvencia y la apreciación de capacidad de devolución de la deuda

Viernes, 23 de Junio, 2017

Por Gaietà García, profesor del Master en Dirección Comercial y Gestión de Ventas de EAE Business School

En estas líneas presentaré ciertas relaciones entre los conceptos que definen el título de este artículo, algunas de las cuales son, como mínimo, curiosas o sorprendentes.

PIB y PIB per cápita

Se denomina Producto Interior Bruto, PIB, al valor, a precio de mercado, de la producción de bienes y servicios en el interior de un país en determinado año, o período de tiempo.

La ilustración 1 muestra, para España, en 2016, un PIB de 1.113.851 M€, 1,114 billones de euros. Se utiliza para medir la creación nominal de riqueza de un país para cada ejercicio económico. Un aumento sostenido del PIB se relaciona con la creación de empleo, sin entrar a considerar otros factores.

Se observa que en la década 1997 a 2007, el PIB se duplicó para frenar el ritmo de crecimiento en los años siguientes.

Es una magnitud absoluta, por tanto, su interpretación debe ser prudente, puesto que deben tenerse en cuenta consideraciones cualitativas de gran relevancia; por ejemplo, la aportación desigual al PIB de las diferentes Comunidades Autónomas, o la distribución del PIB por sectores productivos, entre otras.

Como cada país o territorio tiene un número de habitantes diferente, para homogeneizar el efecto población, se divide el PIB nominal entre la población media del período considerado y se determina el PIB per cápita; es decir, la creación de riqueza generada por cada habitante, por término medio, mostrada en la Ilustración 2. Es evidente que la expresión por término medio muestra una certeza matemática y, al mismo tiempo, esconde matizaciones de carácter cualitativo de gran relevancia; por ejemplo, es más que probable que la aportación de riqueza al colectivo sea desigual: muchos generan poco y pocos generan mucho. Con determinados ajustes macroeconómicos, del PIB per cápita se puede calcular la Renta Nacional per cápita, a la que aplican las mismas matizaciones.

 

 

Deuda Pública y Deuda Pública per cápita

Al igual que particulares, familias y empresas, el Estado también se endeuda. Acude a los llamados mercados financieros en los que determinados prestamistas conceden créditos que han de devolverse en los plazos y al coste estipulado. La cantidad nominal adeudada por un Estado en determinado momento del tiempo se denomina Deuda Pública.

Si se divide la Deuda Pública de un Estado en cierto momento por el número de habitantes de ese instante, calculamos la Deuda Pública per cápita; lo que cada ciudadano debe a los mercados financieros, por término medio.

La evolución de la Deuda Pública de España para los últimos años, en valores absolutos y per cápita, se observa en la Ilustración 3. A fin de obtener una visión relativa entre la riqueza generada en cada año, PIB, respecto de la  Deuda Pública de cada período, el importe de la Deuda Pública se muestra, también, como %PIB; mide la capacidad de devolución de los préstamos tomados por el Estado.

Deuda Pública y PIB. Se observa con claridad que la deuda nominal se contuvo desde 1997 hasta 2007. Como el PIB de este período creció el doble, el porcentaje de deuda sobre PIB descendió hasta el 35,60%; es decir, con poco más de un tercio de la riqueza producida, en un año, se hubiera pagado toda la deuda, lo que indica un cierto buen nivel de solvencia o de capacidad de pago. A partir de 2007, la Deuda Pública se dispara, con crecimientos anuales muy superiores a los del PIB. Así, en 2016, la Deuda Pública equivale al 99,40% del PIB de ese año. Ahora hace falta la riqueza generada en todo un ejercicio para pagar toda la Deuda Pública. Claramente, España ha perdido solvencia y credibilidad financiera al sobreendeudarse. Y parece ser que la tendencia futura seguirá siendo de aumento del uso del crédito por parte del Estado.

Deuda Pública per cápita. Los datos muestran que, desde 1997, 8.311 € per cápita, hasta 2007, 8.404 € per cápita, se mantuvo bastante constante, entre 8.000 y 9.000 € per cápita. A partir de ese período, lo que debería pagar de su bolsillo cada ciudadano, por término medio, para liquidar la Deuda Pública, asciende, vertiginosamente, hasta los 23.822 € per cápita. En otras palabras, en apenas 10 años, la Deuda Pública per cápita casi se ha triplicado.

Al comparar la Deuda Pública per cápita de la Ilustración 3 con el PIB per cápita de la Ilustración 2, se observa con claridad el empeoramiento de la solvencia individual de los ciudadanos respecto de un endeudamiento sobre el que no tienen poder de decisión, puesto que lo diseña el Gobierno de turno mediante los Presupuestos Generales del Estado.

En 1997, tenemos un PIB per cápita de 13.000 euros y una Deuda Pública per cápita de 8.311 euros. El ratio endeudamiento respecto riqueza generada anual se halla dividiendo ambas magnitudes: Deuda Pública / PIB; 8.311 euros / 13.000 euros = 63,93%. Es decir, en 2007, cada ciudadano debería haber aportado el 63,93% de su riqueza media generada ese año para pagar toda la deuda.

En 2016, tenemos un PIB per cápita de 24.000 euros y una Deuda Pública per cápita de 23.822 euros. El ratio de endeudamiento respecto riqueza generada anual: Deuda Pública / PIB; 23.822 euros / 24.000 euros = 99,25%. Es decir, en 2016, cada ciudadano debería haber aportado el total de su riqueza media generada ese año para pagar toda la deuda. Claramente ha empeorado la solvencia y la credibilidad financiera para el conjunto de ciudadanos de España.

Deuda de los hogares españoles. Mientras el Estado español ha incrementado la Deuda Pública hasta cerca del 100% del PIB anual, el comportamiento financiero de las familias estos últimos años ha ido en dirección contraria: se ha producido un paulatino descenso del importe nominal de la deuda de las familias, que han sabido utilizar el menor coste de las cuotas hipotecarias por el descenso de los tipos de interés, para amortizar más rápidamente la deuda pendiente.

La evolución de la deuda de los hogares españoles visualizada en la Ilustración 4. Observamos que el endeudamiento familiar en noviembre de 2015, 560.874 M€ se situaba por debajo del nivel de diciembre 2006, 575.676 M€ y acercándose a los valores del año 2005, 477.214 M€.

Debe entenderse por endeudamiento razonable aquél en el que se cumplen, al menos, dos premisas: la primera, que las cuotas a devolver no exceden de determinado porcentaje de nuestra capacidad de generar la riqueza con la que vamos a pagar esta deuda; teniendo en cuenta que también se han de destinar recursos a consumos de bienes y servicios necesarios y cotidianos y, si es posible, ahorrar alguna cantidad para el futuro. La segunda, los bienes y servicios en los que se invierten los fondos tomados a préstamo deben proporcionar un retorno o beneficio superior al coste o sacrificio asociado. En caso contrario, el endeudamiento será financieramente desastroso y puede causar la quiebra de particulares, familias y del propio Estado. Cuando nos referimos al endeudamiento público, el retorno o beneficio deberá ser considerado como aumento de la calidad de vida de los ciudadanos sobre los que se carga su parte de la Deuda Pública.

Nivel de Bienestar

¿Cómo medir y evaluar si las inversiones en bienes y servicios que realiza el Estado mediante el uso de recursos propios y endeudamiento público repercuten positivamente en un aumento de la sensación de Estado de Bienestar por parte de los habitantes del territorio? La Organización para la Cooperación y el Desarrollo de Europa, OCDE, ha diseñado un indicador que denomina Índice del Bienestar Económico para determinar, en función de ciertos parámetros, cuanto bienestar tiene cada país en diferentes momentos del tiempo. Los datos se observan en Ilustración 5 siguiente.

Según visualizamos en este indicador, el nivel de bienestar económico en España aumenta muy notablemente de 1980 a 2008, lo cual es esperable y lógico, puesto que en este período el desarrollo del país fue muy relevante. Curiosamente, sin embargo, de 2008 a 2014, el nivel de bienestar económico decrece sensiblemente cuando, en este período, simultáneamente, se mantuvieron niveles récord de Deuda Pública, que se multiplicó por 2,4, y las familias realizaron un esfuerzo para reducir su endeudamiento.

Si el endeudamiento público brutal de este período no ha sido percibido por la población ni por la OCDE como un aumento del bienestar social económico, entonces, ¿en qué se gasta el Estado nuestro dinero? Porque en 2014 se debía mucho más en endeudamiento público y el índice de bienestar retrocede. El gráfico también visualiza que sí hay países que han mostrado aumentos crecientes en su índice de bienestar económico o, al menos, lo han mantenido; es decir, es factible. Entonces, ¿qué le pasa a España?

El detalle de la composición de los factores que configuran el Índice de Bienestar Económico, diseñado por la OCDE, se muestra en la Ilustración 6 siguiente:

Conflicto Intergeneracional

De todo lo expuesto anteriormente y, sobre todo, de la interrelación de las magnitudes comentadas, se puede concluir e inferir lo siguiente:

  • España se encuentra en una situación de sobreendeudamiento que compromete seriamente su crecimiento y desarrollo futuro, puesto que, a mayor Deuda Pública sobre el PIB, menor es la solvencia y la apreciación de capacidad de devolución de la deuda, lo que hace encarecer el coste de los recursos tomados a préstamo. A su vez, la consecuencia es que, en los Presupuestos Generales del Estado, la partida destinada a satisfacer deuda más intereses es enorme y deja poco margen disponible sobre la distribución de la riqueza generada para atender las necesidades financieras cotidianas del Estado: pensiones, educación, infraestructuras, tecnología, servidores públicos, entre otros. Como no se llega a todo, aumentamos otra vez el endeudamiento público. Pero esta espiral tiene un límite, que tengo la sensación que ya se ha sobrepasado hace tiempo, con el consiguiente peligro de quiebra financiera del Estado.
  • Las familias han aprendido a vivir con menos endeudamiento, si bien, los créditos al consumo están repuntando últimamente, al menos en valor absoluto; se precisaría un análisis cualitativo en detalle para determinar quién se está endeudando y en qué. Las experiencias lamentables de familias que han perdido su vivienda habitual por no poder hacer frente a las deudas ha causado mella en la sociedad civil, desde el punto de vista de concienciación de lo que significa endeudarse y el riesgo inherente a esta operación financiera. Algunos padres están inculcando a sus vástagos los valores del ahorro, del consumo de lo imprescindible, vivir de alquiler, no endeudarse a largo plazo y siempre mantener un equilibrio razonable entre generación periódica de riqueza respecto de la capacidad de endeudamiento.
  • La polarización económica, social, económica y laboral hacia un modelo de gran desequilibrio, en el que predominan los trabajos mal remunerados  y en condiciones laborales inaceptables, en algunos casos, explican porque el Índice de Bienestar Económico de la OCDE para España ha decrecido de 2008 a 2014. Infiero que seguirá evolucionando a la baja, a la par que seguirá creciendo la brecha social, con una disminución dramática de la clase media, verdadero motor de las economías modernas.
  • Si, finalmente, el Estado hace un replanteamiento del gasto público que le permita ser más eficiente en el uso de recursos y, consecuentemente, disminuir paulatinamente su endeudamiento, a la par que particulares, familias y empresas, que ya se han adaptado a la época de cierre del grifo del crédito y se han acostumbrado a vivir con menos, entonces, el volumen de crédito que se solicite al sector financiero descenderá dramáticamente. En este hipotético escenario, ¿a qué se dedicarán los bancos?

Las relaciones entre las magnitudes que se comentan en este artículo son mucho más complejas de lo que se ha mostrado. El objetivo de estas líneas no es tanto el rigor académico sino el planteamiento de ciertas interdependencias y contradicciones en el ámbito económico-financiero que estamos viviendo intensamente y que sean comprensibles para un amplio abanico de lectores.

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