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Dejemos tranquilos a los millennials

Martes, 29 de Agosto, 2017

Por: Rafa Bernardo, periodista de Cadena Ser

Son la generación de moda, la de las mayores virtudes y la de los peores defectos. Según lo que leamos, sacaremos la conclusión de que son malcriados y preparados, comprometidos y narcisistas, optimistas y poco interesados por la política. Características contradictorias, que varían de estudio a estudio, para una generación que, a pesar de tener un nombre repetido hasta la saciedad –millennials- ni siquiera tiene sus límites temporales muy bien definidos (son los nacidos entre principios de los ochenta y mediados de los noventa, según el consenso general) pero sobre la que al final acaban repitiéndose dos mensajes, uno obvio y fácilmente constatable (están familiarizados con la tecnología desde la infancia) y otro difícilmente demostrable, pero que es muy del gusto de columnistas y opinadores: que son resignados y vagos.

¿Vale para algo el modelo de las generaciones para explicar la realidad? Pues más bien poco para comprender a las cohortes que vienen, pero esas taxonomías y clasificaciones dicen bastante de quienes las elaboran. Es quizá un poco prematuro evaluar los logros y las características de unos millennials entre los cuales los de más edad apenas superan los 35 años, y cuyas carreras laborales y empresariales se han visto en muchos casos cortadas en seco con una crisis que ellos no han provocado; a quienes sí se puede (¡y se debe!) evaluar es a las dos generaciones anteriores (los baby boomers y la Generación X), que han sido protagonistas del desplome económico y de la quiebra de la confianza en las instituciones que ha sacudido todo Occidente en los últimos años.

Corramos un tupido velo sobre la responsabilidad de estas generaciones anteriores en la debacle político-económica que padecen los millennials, y preguntémonos ¿Cómo son los millennials de emprendedores? Pues, de nuevo, los análisis y los estudios son contradictorios: algunos nos dicen que son los más lanzados, y otros que los menos. Si recurrimos a los datos, como los que facilita el último estudio GEM España, veremos que la tasa de emprendedores en fase inicial entre la población de 25 a 34 años ha sido o bien la más alta o bien la segunda más alta de entre todos los grupos de edad en la última década (compitiendo con la franja de entre 35 a 44 años), sin que haya pistas de que haya una tendencia fuerte al alza o a la baja. Es decir, pocas sorpresas, pocos vuelcos; quizá las pretendidas virtudes y defectos de esta generación tan sometida al escrutinio público no sean para tanto, ni para bien ni para mal.

Dejemos, por tanto, hacer su camino a los millennials, sin cargarles con tanto bagaje positivo o negativo; si los popularizadores de la teoría de las generaciones, William Strauss y Neil Howe, aciertan en algo en su clasificación generacional, estos (todavía) jóvenes pertenecen a una de las llamadas generaciones “cívicas”: han vivido una crisis en su llegada a la madurez, y todavía les queda por delante -según el modelo de estos autores- fundar instituciones nuevas cuando lleguen a la mediana edad, y ver en su vejez cuestionado ese nuevo orden que generarán por los siguientes en llegar. Por cierto, que ya hay quien está calibrando las cualidades, los defectos, las virtudes y las intenciones de esos nuevos: la Generación Z. Ahora que nos hemos quedado sin letras en el abecedario, a ver cómo se las ingenian estos taxonomistas tan buenos para saber lo que están pensando los más jóvenes (aunque tan poco acertados para evitar los males de su propio tiempo) para encontrar un nombre pegadizo con el que etiquetar a la próxima generación.

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