Actualidad

Local y manual

Jueves, 18 de Mayo, 2017

Por: Rafa Bernardo, periodista de Cadena Ser

La palabra “emprendimiento”, como la palabra “trabajo”, captura millones de realidades. En el sentido más amplio, hay tantos emprendedores como personas que lanzan una actividad por cuenta propia, así que hablamos de un sinnúmero de proyectos realizados en todo tipo de condiciones por una inmensa variedad de sujetos; sin embargo, en el imaginario colectivo se ha ido fijando un estereotipo de emprendedor como alguien tirando a la mediana edad, que realiza una actividad relacionada con la tecnología y con potencial de hacerse global. Es una imagen que encaja bien con la terminología característica del ecosistema: escalabilidad, internacionalización, innovación…

Pero esa proyección no representa a la mayoría de los emprendedores; el año pasado, según  el último informe de la Confederación Española de Sociedades de Garantía Recíproca, se ha reducido el porcentaje de PYMES españolas que innovan e internacionalizan. Estas cifras no indican necesariamente un problema: al fin y al cabo, la recuperación de la economía favorece volcarse en el mercado doméstico, pero pone de relieve la importancia de ese emprendimiento menos mediático ¿qué pasa con lo que no aspira a ser global, sino local? ¿y con lo que no es tecnológico, sino que es manual?

Las oportunidades de emprendimiento en estos campos son inagotables, y las fórmulas de crecimiento y desarrollo que emplean son muy potentes. Algunos ejemplos, sin ánimo de ser exhaustivos, sacados de nuestra experiencia entrevistando emprendedores para la SER: A veces, se trata de utilizar las herramientas tecnológicas en sentido inverso al que están pensadas, como nos contaba recientemente un emprendedor que ha encontrado su nicho en los sorteos que organizan los comercios de distintas ciudades: “hemos utilizado internet al revés: la mayoría lo necesita para globalizar, y nosotros lo que queremos es localizar”. En otras ocasiones, las alianzas y las redes entre emprendedores pueden crear plataformas más grandes donde vender y dar a conocer productos y servicios, como hacen los pequeños productores agroecológicos de la Comunidad de Madrid. Otras veces, se trata de atender necesidades y aspiraciones que no puede colmar la tecnología; en palabras de los responsables de la academia de arte Pentimento, “en un mundo en el que se vende lo digital, la gente viene reclamando trabajo manual, el poder tocar los materiales, crear por sí mismos, pintar, mancharse con la pintura”.

A las palabras “globalización”, “escalabilidad” e “innovación” se les puede añadir (¡no oponer!) “localización”, desarrollo” e “inclusividad” para generar un ecosistema emprendedor más completo, que estimule la creación de empleo y el impulso de las ciudades y regiones, y más en línea con la diversidad de la vida real (como señala la OCDE, de los más de 30 millones trabajadores por cuenta propia de Europa, el 80% pertenecen a uno de los siguientes colectivos: mujeres, jóvenes, mayores, personas que en el año anterior estaban desempleadas o personas nacidas fuera de la UE) ¿No estaremos ignorando en las escuelas, en los foros y en los congresos un potencial emprendedor inmenso, con el que ya se ganan la vida millones de personas?

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