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Un nuevo modelo de emprendimiento

Viernes, 24 de Febrero, 2017

Por: Rafael Bernardo, periodista colaborador de Cadena Ser

En 2017 encarrilamos el que será (si las cosas no cambian mucho) el cuarto año seguido de creación de empleo. Desde 2014 se han venido ganando centenares de miles de ocupados al año, y la economía crece al calor del rebote después de muchos años malos y de un entorno exterior que –hasta ahora- ha sido favorable en el tipo de cambio, la ayuda financiera y los precios de las materias primas. En el panorama emprendedor, sin embargo, los datos van por detrás ¿Por qué? ¿Qué se puede hacer para que el estímulo para iniciar un proyecto por cuenta propia mantenga el ritmo de la creación de empleo asalariado?

Primero, los datos: aunque se ha recuperado actividad, por cuenta propia y por cuenta ajena, todavía queda tarea pendiente, y más en materia de emprendimiento. Si comparamos el pico del empleo, a finales de 2007, con la situación actual, hay un 10% menos de empleados por cuenta ajena, pero un 15% menos de ocupados por cuenta propia (autónomos y empresarios), y además los aumentos anuales del porcentaje de emprendedores son menos intensos que los de los asalariados: 2016 se cerró con un crecimiento del 0,45% de empresarios, frente al 2,65% de trabajadores.

¿Cómo  apuntalar el ecosistema emprendedor sin descuidar la -¡importantísima!- creación de empleo asalariado? Apostando por proyectos que miren al futuro y eviten los callejones sin salida del pasado. Hay que decir, para empezar, que es normal que baje el ritmo de creación de empresas porque –como apuntan economistas como Ha-Joon Chang[1]- mucha gente pone un negocio cuando la situación económica va a peor, porque se queda sin empleo e intenta ganarse la vida lanzando un proyecto personal. Son los llamados “emprendedores por necesidad”, que en España aumentaron mucho con la crisis (pasaron del 14,8% en 2008 al 29,8% en 2014) para reducirse en los dos últimos años (según el último informe GEM, muy reciente, están en el 26% en 2016).

Creo que podemos calificar de favorable la noticia de que disminuyan estos emprendedores “a la desesperada”, porque muchas veces emprender cuando no te queda otra puede llevar a un proyecto poco meditado que acabe en fracaso, y un fracaso cuando se están apurando los últimos recursos no es, desde luego, positivo. Pero queda como asignatura pendiente el estimular a los emprendedores “de oportunidad”, los que detectan un nicho de negocio en el mercado y se lanzan a por él. Son ahora el 70,2%, y lo que se ha de reclamar es un entorno (legal, social, administrativo) más favorable para que puedan impulsar sus proyectos. De su mano puede venir el ansiado cambio en el modelo productivo que permita escapar a España del ciclo burbuja-crisis que nos golpeó en la década pasada con la construcción, y que nos puede golpear en los próximos tiempos si fiamos el crecimiento nacional –como ahora- al comercio y el turismo, con cifras récord en los últimos años impulsadas más por los problemas de los países competidores/vecinos (Francia, Turquía, Norte de África, Oriente Próximo) que por nuestra innovación y productividad.

Servicios financieros, información y comunicación y servicios profesionales son los sectores por los que apuestan casi la mitad de los emprendedores en las economías basadas en la innovación, según el informe GEM. Es quizá la mejor pista de por dónde hay que apostar para cimentar un ecosistema que permita multiplicar la prosperidad y el crecimiento.

 

[1] Chang, Ha-Joon. 23 cosas que no te cuentan sobre el capitalismo, Debate, Barcelona (2012), capítulo 15.  

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