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Análisis de las consecuencias económicas del Brexit

Lun, 07/11/2016 - 00:00

Por: Alexandre Muns, profesor de Master de EAE Business School

El Reino Unido ha sido (desde 1973) y continúa siendo aún un miembro del mayor mercado común (la UE) del mundo – con 28 estados y 500 millones de personas. Sus exportaciones a Irlanda son superiores a las que manda a India, China y Brasil combinadas. Los vínculos económicos (comerciales, de inversión, financieros), institucionales, sociales y personales con la UE son muy amplios, y la necesidad de cortarlos o replantearlos debido al triunfo del Brexit en el referéndum tendrá efectos muy nocivos sobre la economía británica.

Únicamente en los días posteriores a la votación, la libra ha descendido a su cotización más baja en 31 años, Virgin ha cancelado un proyecto que generaba 3.000 empleos, diversas instituciones financieras de la City han anunciado un parón en su contratación y Vodafone sopesa trasladar su sede principal de Londres a otra ciudad. Diversos fondos o aseguradoras relacionados con el sector inmobiliario han suspendido sus actividades. Las entidades financieras con exposición al Reino Unido (británicas, algunas españolas, italianas) se han desplomado en la bolsa. Numerosas multinacionales deslocalizarán sus actividades del Reino Unido a otros países. El Fondo Monetario Internacional pronostica una recesión para el 2017 y un descenso del PIB de más del 5% en caso de Brexit desordenado para la aún quinta potencia económica mundial.

La profundidad de la debacle para el Reino Unido dependerá de la capacidad de su nuevo primer ministro para negociar un trato ventajoso con la UE. Parece que el nuevo primer ministro será Teresa May, actual ministra del Interior. Ha conseguido la mitad del apoyo del grupo parlamentario Conservador en la Cámara de los Comunes. Pero May hizo campaña a favor del Bremain, y en septiembre tiene que conseguir el respaldo de 15.000 delegados.

Las consecuencias económicas negativas para el Reino Unido y la economía internacional dependerán del período de tiempo que dure la incertidumbre, y de la naturaleza del vínculo que mantenga el Reino Unido con la UE. La negociación del Brexit solamente se puede iniciar si un gobierno británico solicita poner en marcha el artículo 50 del tratado de Lisboa. Ninguna institución comunitaria tiene dicha potestad. Pero un primer ministro que active el artículo 50 debe ser primero investido por la Cámara de los Comunes. Esto no sucederá hasta septiembre. Por otra parte, aunque no hay ningún precedente y el Reino Unido no cuenta con una Constitución, políticamente un primer ministro que ponga en marcha el artículo 50 sin contar con el respaldo de una mayoría de la Cámara de los Comunes estaría actuando de forma temeraria. Tanto los diputados del Partido Liberal como de los Libdems se oponen al Brexit, al igual que la mitad del grupo parlamentario Tory. Los líderes de la UE han sido tajantes – sin activación del artículo 50 no habrá negociación.

Los líderes del Brexit exigen que el Reino Unido mantenga acceso al mercado único – libertad de movimiento de bienes, capital, servicios – pero regulando el movimiento de personas. La UE ha contestado que el Reino Unido no recibirá un trato especial. Noruega, Islandia y Lichtenstein tienen acceso al mercado único (y sus exportaciones no pagan aranceles) mediante el denominado Espacio Económico Europeo (EEE), pero asumen la libertad de movimiento de personas, aplican la legislación comunitaria e incluso aportan algo al presupuesto de la UE. Estas condiciones parecen difícilmente asumibles para los partidarios del Brexit. Si la negociación es larga y finalmente el Reino Unido se queda fuera del EEE, la disminución del PIB del Reino Unido puede superar el 5%. Su ministro de Finanzas ya ha anunciado aumentos de impuestos y recortes de prestaciones. Si el Reino Unido no se queda en el EEE, tendrá que renegociar todos sus acuerdos comerciales con todos sus socios – la UE, EEUU, integrantes de la Commonwealth, etc. Esto comportaría una dislocación profunda de los flujos comerciales – y también de inversión y financieros – de tamaño muy sustancial pero que por ahora nadie puede cuantificar.

Por ahora, el único consuelo para los individuos o empresas con lazos con el Reino Unido (y los más de dos millones de expatriados británicos en la UE) es que la legislación de la UE se mantendrá en vigor hasta que concluya la negociación del Brexit.

 

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