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Análisis de las previsiones de la Comisión Europea sobre la economía española

Lun, 05/09/2016 - 00:00

Alexandre Muns Rubiol es profesor de Máster en EAE Business School. Además colabora como columnista en el diario Expansión, escribe, de forma asidua también, en Cinco Días, y también lo podemos escuchar como analista en COM Radio. Hoy os envía este artículo sobre las últimas previsiones de la Comisión Europea sobre la economía española:

La Comisión Europea presentó a principios de mayo su cuadro de previsiones para la economía española para este ejercicio y 2017. Algunos medios han destacado que Bruselas alerta sobre la desviación del objetivo de déficit público para 2016 y 2017. Efectivamente, la Comisión pronostica que el déficit público a finales de este año se situará en el 3,9% del PIB y descenderá a 3,1% a finales de 2017 (fue del 5,1% en 2015). En sus presupuestos generales, el gobierno fijó una disminución del déficit a finales de 2016 del 3,6%, y del 2,9% para finales de 2017. Por consiguiente, la Comisión prevé una desviación de tres décimas para este año y de una décima para el próximo.

El ejecutivo comunitario también es algo más pesimista que el español respecto al crecimiento del PIB. Para 2016, Bruselas estima que el PIB aumentará en un 2,6%, mientras que el gobierno pronostica una expansión del 2,8%. En cambio, para 2017 la Comisión Europea vaticina un incremento del PIB del 2,5%, por encima del 2,4% que prevé el ejecutivo presidido por Mariano Rajoy.

La publicación de proyecciones que difieren algo de las pronosticadas por los presupuestos generales del estado no es algo sorprendente. Los organismos internacionales, sean el FMI o en este caso la Comisión Europea, acostumbran a realizar previsiones sobre crecimiento, empleo y déficit algo peores de las de los gobiernos. Para 2015, la OCDE pronosticó un crecimiento de la economía española del 2,9%, inferior al que realmente registramos (3,2%). El FMI, en su reunión de primavera, rebajó su expectativa de crecimiento para este año tanto para la economía internacional como para muchas de sus principales potencias.

Los organismos internacionales deben reflejar en sus análisis acontecimientos o tendencias que no eran tan pronunciadas cuando el gobierno elaboró sus presupuestos. Concretamente, la desaceleración muy brusca del crecimiento o incluso la recesión de muchas economías emergentes, que conjuntamente con las economías en vías de desarrollo generan el 45% del PIB mundial. China creció al ritmo más bajo en 25 años en 2015, y la expansión de su PIB se situará por debajo del 8% por tercer año consecutivo en 2016. Brasil se halla sumido en su recesión más profunda desde los años 30 del siglo pasado, y la contracción de la economía rusa será este año de una magnitud parecida (4%) a la de 2015. Muchas otras economías emergentes, especialmente las productoras y exportadoras de hidrocarburos (Arabia Saudita y otros países del golfo), Turquía y otras dependientes de la exportación de metales y materias primas agrícolas crecen a un ritmo menor debido a la ralentización china. La huida de capitales de países emergentes hacia los desarrollados (588.000 millones de euros en 2015), por primera vez desde 1988, es otro fenómeno negativo.

La Comisión también señala factores geopolíticos (léase la tensión provocada por Rusia, la continuación de la guerra civil en Siria y la consiguiente desestabilización de la región y huida de refugiados) y el referéndum británico sobre su pertenencia a la UE como motivadores de su revisión a la baja, que también afecta al conjunto de la UE y sus principales economías. En este contexto, es evidente que el crecimiento económico español no se podía mantener en 2016 en los mismos niveles que en 2015, cuando España fue la economía desarrollada importante que más creció, alcanzando un crecimiento del 3,2%, y 3,5% en el último trimestre de 2015. Esta tasa superó al crecimiento de la economía mundial, a todos los miembros del G7 y a 16 de los 20 integrantes del G20.

La recuperación del crecimiento en España vino de la mano, en primer lugar, de un espectacular crecimiento de nuestras exportaciones a todos los continentes y por parte de grandes empresas y PYMES, que acertaron en buscar nuevos mercados. Pero con una economía internacional en desaceleración, era imposible que España continuara batiendo cada trimestre récords en sus exportaciones (desde el inicio de la serie histórica en 1971) como lo hizo en 2012-2015, aunque nuestras exportaciones siguen creciendo, en gran parte, porque exportamos especialmente vehículos, maquinaria, bienes de equipo, productos químicos y alimentos y bebidas elaboradas, productos cuya demanda es menos vulnerable a la coyuntura internacional que los hidrocarburos o materias primas.

España ha superado varias veces desde 2012 las previsiones de los organismos internacionales. En 2012, en plena recesión, muchos organismos pronosticaban un inminente rescate, y llegamos a pagar más del 7% por vender nuestros bonos a diez años y la prima de riesgo superaba los 600 puntos (1,5% en la actualidad, apenas 120 puntos). El déficit público se situó a finales de 2011 en el 8,9%, con lo cual en los últimos cuatro años hemos conseguido una reducción sustancial, que en el peor de los casos (la previsión de la Comisión) nos deja unas décimas por encima del 3%. También cabe recordar que el 3% de déficit público fijado por el Pacto de Estabilidad y Crecimiento es un objetivo hacia el que se debe avanzar, no una obsesión estadística. Si no empeora la coyuntura económica internacional y los británicos votan a favor de continuar en la UE el 23 de junio, España, con un gobierno estable, crecerá entre un 2,6% y un 3%, ya que las exportaciones, la inversión, la construcción y el consumo han continuado creciendo durante los cuatro meses de incertidumbre política.

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