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Juli Minoves nos demuestra que el TTIP es mucho más que un tratado de libre comercio

Mar, 06/30/2015 - 13:30

De firmarse la Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión, conocida por sus siglas en inglés, TTIP, (Transatlantic Trade and Investment Partnership) se creará la mayor zona de libre comercio del mundo. Para hablar del tratado que negocian Estados Unidos y la Unión Europea desde hace dos años, EAE Business School ha contado con la presencia de un andorrano. El diplomático Juli Minoves, exembajador de Andorra en EUA (1995-2001), exministro de Asuntos Exteriores (2001-2009), profesor de La Verne University desde hace tres años y presidente de la Liberal International desde mayo de 2014, fue el invitado de la sesión Café&CEO de Barcelona.

Café & CEO sobre el Tratado de Libre Comercio

Minoves mostró los pros y los contras que el acuerdo tendría para ambas partes, y apuntó también la posición de la organización que representa. Lo que sí dejó claro fue que “no solo son negociaciones económicas”, sino que la política también tiene mucho que decir en este asunto.

Estos grandes pactos pueden parecer que están muy alejados del día a día de una familia, “pero afectan más de lo que uno cree”, afirmó. Lo que se está negociando es ir más allá de lo que puede conseguir la Organización Mundial del Comercio. La Unión Europea y Estados Unidos discuten mucho más que un tratado de libre comercio.

Un nuevo gigante comercial

Estados Unidos y la Unión Europea suman cerca del 60% del PIB mundial, un tercio del comercio internacional de bienes y servicios y 800 millones de consumidores. También, según cálculos previos, contribuiría a elevar el PIB anual en ambos bloques un 0,5% a los diez años de ponerse en marcha o generar hasta dos millones de empleo.

El TTIP llevaría a la “mayor zona de libre comercio del mundo”, en palabras de Minoves. Para ello, el objetivo del mayor tratado comercial de la historia es la segunda y definitiva etapa de la globalización: no busca solo rebajar tarifas aduaneras (que en la mayoría de casos son muy bajas), sino un pacto para gestionar el comercio a ambos lados del Atlántico.

El diplomático andorrano se mostró convencido que se llegaría a un acuerdo del tipo “win-win”, beneficioso para ambas partes, y que este supondría “una pasarela para que el resto de países se pongan al día en materia de libre comercio”.

“Son los dos grandes en materia de comercio, pero también en libertades y democracia. Lo que buscan ambas partes con el pacto es fijar los nuevos estándares de comercio, de salud, de medio ambiente, etc. Cecilia Malmström, Comisaria de Comercio en la Comisión Europea, piensa que si alguien tiene que marcar los nuevos criterios, mejor que sean las democracias”, argumentó.

Primero, los aranceles

Aunque haya sido considerado como mucho más que un acuerdo de libre comercio, la primera piedra de toque del TTIP será comprobar si se llega al desarme arancelario total, algo que sería prioritario para los defensores del libre mercado.

El promedio de tarifas aplicadas es ya bajo: las que impone la UE a las mercancías es del 5,2%; en sentido contrario, es un 3,5%. Pero estas medias esconden algunas divergencias significativas: “la importación del tabaco en Estados Unidos se penaliza con un 350%, y en Europa se carga un 34% a la ropa que viene de América”, ejemplificó Minoves.

Juli Minoves, ponente invitado para el café & CEO de Barcelona

Luego, las normas

Es aquí donde Estados Unidos y la Unión Europea quieren forjar una nueva referencia. Donde uno ve leyes que le privan de competir, el otro ve normas proteccionistas. ¿La homologación de normas y exigencias administrativas rebajará la protección de derechos? Es la gran pregunta, y afecta sobre todo al sector agrario en cuestiones alimentarias y de salud.

La UE marca como línea roja la regulación de transgénicos o el uso de hormonas de crecimiento y antibióticos en la alimentación del ganado, mucho más permisivas al otro lado del Atlántico. Por su parte, los estadounidenses no están dispuestos a cambiar la “Buy American Act”, que permite primar a productos estadounidenses en contratos públicos, y solo, dicen, aceptará excepciones.

Minoves dijo no tener una varita mágica para saber qué sucederá, pero afirma que ninguno de los dos mercados llegará a acuerdos que no le interesen.

Un tribunal para las empresas

La protección de la inversión extranjera es uno de los objetivos del TTIP. Y para ello plantea la creación de un tribunal de arbitraje (en inglés ISDS) que permita a las empresas obviar el sistema jurídico de cada país y recurrir directamente ante esta instancia cuando crea que un Estado se ha saltado lo tratado, con la posibilidad de imponer multas multimillonarias. El Gobierno de Barack Obama insiste en este punto, mientras que Francia y Alemania ya han transmitido sus discrepancias.

América Latina

¿Dónde quedan el resto de países tras el acuerdo? Minoves opinó que “si los dos grandes crecen, el resto también lo hará”. Se ampliará el mercado de consumidores, disminuirán las trabas burocráticas que las empresas se encuentran en Europa, y esto debe favorecer al resto de mercados.

En el caso de América Latina, y siguiendo este argumento, en el debate posterior se apuntó que la homologación de legislaciones es uno de los aspectos más positivos que el TTIP puede conllevar.

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