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Martes, 5 de Marzo, 2019

Lo dicen Leif Edvinsson y Michael S. Malone en su libro “El Capital Intelectual”: el capital intelectual es valioso, dado que implica el estudio de las raíces del valor de una compañía, la medida de los factores dinámicos ocultos bajo los edificios y productos visibles y que adicionalmente le dan sostenimientos a los mismos.

Poco más que añadir a una realidad indiscutible. Todo es inestable y volátil. Todo cambia antes de que lo esperamos. Las empresas se enfrentan cada día a un reto. Aunque tengan un guión, éste puede cambiar de forma inesperada. Lo que no cambia es la necesidad de rodearse de talento para garantizar un viaje más seguro.

Pero, cualquier equipo que represente esta tripulación llamada capital intelectual, necesita un líder que sepa marcar el rumbo y tomar las decisiones adecuadas. Un líder que recuerde constantemente el valor del capital intelectual porque como explican Edvisson y Malone, si las empresas se preocupan únicamente por la parte financiera pero ignoran los valores ocultos, no tendrán oportunidad de sobrevivir a largo plazo.

Impulsar, fomentar, alimentar el capital intelectual es sinónimo de más oportunidades de aprendizaje y de desarrollo. Es una forma inteligente de ser una entidad más sólida y gozar de una salud financiera más estable.

El capital intelectual (CI) es el conjunto de activos intangibles de una organización que generan valor o tienen potencial de hacerlo en el futuro.

Actualmente, es necesario distinguir entre datos y conocimiento. Un dato se refiere a la medida de una variable. No deja margen de juego. Por ejemplo, el número de visitas que recibe una página web. Ahora bien, un conocimiento es una información que tiene una persona y con la que puede crear una acción para conseguir un objetivo o una meta. Es decir, esa persona podría tener conocimientos en usabilidad y partir de ese dato para aumentar las visitas.

Por eso, aunque vivimos en la era de los datos y son imprescindibles, de nada sirve si no hay un conocimiento que sabe mover los hilos.

Para potenciar el capital intelectual no hacen grandes revoluciones, por extraño que parezca. Hoy en día, los pequeños cambios todavía pueden aportar grandes resultados. Y para demostrártelo, hemos seleccionado 3 sencillas pero completas maneras de impulsar el talento en una organización.
 

¿Hablamos?

¿Son realmente útiles las reuniones en las que el equipo apenas interviene? ¿En las que solo habla el líder? Probablemente, no.  Todos los trabajadores de una compañía o, por lo menos, los que representan los departamentos más importantes, viven la realidad cada día y tienen más conocimiento sobre los problemas a gestionar, los retos que superar… Ha llegado la hora de cambiar la idea de las reuniones y crear reuniones donde tengan cabida esas ideas. Cuántas más, mejor. Reuniones proactivas, donde se abra el diálogo y se promueve la alimentación.  

Espacios creativos

Lo interesante de este punto es que no solo nos referimos a lugares para dar rienda suelta a la creatividad. También es necesario guardar secuencias de tiempo para ello. Y es que las mejores ideas necesitan tiempo y un espacio para nacer.
 

¿Y después?

El error de algunas compañías es que no saben qué hacer con las ideas. Las generan pero tienen dudas respecto al siguiente paso. Fácil: llevarlas a la práctica. El conocimiento de tu equipo tiene las claves. El líder, pues, deberá equilibrar todos los puntos para dirigir la operación.

Son pequeños cambios en el día a día, como semillas. No generarán una transformación radical en la empresa pero florecerán.