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Por Victor Ruiz Ezpeleta, profesor del Master en Project Management de EAE Business School

Jueves, 21 de Junio, 2018

Por Victor Ruiz Ezpeleta, profesor del Master en Project Management de EAE Business School

Ya se acerca el verano y muchos somos los que esperamos con ilusión estas fechas para poder disfrutar de un merecido descanso, estar con la familia, olvidar las rutinas y problemas del día a día. Uno se imagina en la playa, montaña, ciudades que aún no ha visitado o repetir aquellos lugares que tienen un recuerdo especial en nuestras vidas.

Visto así tiene muy pinta, a no ser porque tristemente ya se está haciendo típico del verano la pesadilla, el trauma, el infierno de visitar un aeropuerto para poder disfrutar de las vacaciones o aún peor, tener que soportar grandes incomodidades por trabajar también en verano.

Este año 2018 ya se han triplicado los días de huelga de los controladores franceses, perjudicando gravemente a las compañías aéreas como Vueling, que gran parte de sus rutas deben cruzar cielo francés y concretamente Marsella, donde el centro de control de tráfico aéreo ya ha sufrido innumerables huelgas. Hay que tener en cuenta que el precio del petróleo está disparado, y hechos como estos no hacen más que perjudicar un sector delicado pero vital como es el de la aviación civil. Mayores costes en combustible más pérdidas por huelgas es la combinación perfecta para las fallidas económicas de las compañías aéreas.

En Barcelona aún se recuerdan las dantescas imágenes del verano de 2017 por las huelgas de los trabajadores del control de seguridad EULEN, donde personas que volaban a las 14 h llegaban al aeropuerto a las 6 de la mañana sin saber si podrían volar después de haber ahorrado, pagado y esperado con ilusión su viaje, sin contar con la resistencia de los más pequeños siendo entretenidos como buenamente podían sus padres y madres. Más atrás quedan en la memoria la huelga salvaje de los trabajadores de los equipajes, que destrozaron las vacaciones de muchos.

La lista es interminable, pero por mencionar dos potenciales ejemplos más, los controladores de Barcelona y el personal de cabina de Ryanair también se están planteando paros en este período estival.

Las compañías aéreas están solicitando ayuda a los gobiernos de los países para que medien y se solucione esta situación que tanto les está perjudicando. Desde aquí no queremos prohibir ni impedir huelgas. Es un derecho del trabajador reconocido y hay que respetarlo, pero cuesta mucho creer y aceptar que se aproveche una posición de fuerza utilizando como rehenes para la negociación a millones de personas que nada tienen que ver con los conflictos.  En el siglo XXI y año 2018 no podemos aceptar este tipo de pulso en una sociedad tan globalizada, tan necesitada de la movilidad, el comercio, el turismo y en el fondo, el bienestar de la mayoría. Es triste que sigamos pensando que cuanto más daño hagamos a la población más cerca estaremos de cumplir nuestros objetivos en la huelga.

Ya se están proponiendo soluciones que técnicamente son posibles como asumir otros centros de control o bien personal adicional los paros de determinados sectores. Es difícil porque hay también problemas políticos que solucionar, pero es un paso para no aceptar las medidas de unos pocos sobre una gran mayoría.

La economía es algo que no podemos obviar en problemas como este. Muchas personas viven del turismo, movilidad, imagen del país y beneficios que obtiene el visitante. La competencia es cada vez más alta en este mundo global, y si no cuidamos esta imagen luego lo lamentaremos y nos preguntaremos qué ha fallado o por qué nos pasa esto a nosotros.

Espero impere el sentido común, la buena voluntad y el bien común por parte de los actores involucrados para llegar a buen (aero)puerto.