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Jordi Vilá, director del Máster en Desarrollo Directivo, Inteligencia Emocional y Coaching de EAE Business School

Martes, 27 de Marzo, 2018

Por Jordi Vilá, director del Máster en Desarrollo Directivo, Inteligencia Emocional y Coaching de EAE Business School

“… Y ganarás el pan con el sudor de tu frente”, esa frase bíblica es la que hace que pensemos que el trabajo debe ser penoso, que no se va a hacer amigos, que todo debe ser serio y protocolario, etc.

Dejarme que os cuente, uno de los valores que teníamos en mi última empresa era la diversión, y tener en cuenta que nos regíamos por tan solo cinco valores que, eso sí, cumplíamos a rajatabla y fruto de ello era una frase que se acabó acuñando: “aquí nos tomamos muy en serio divertirnos trabajando”.

Sí, es cierto que quizás no sea diversión la palabra, así que propongo cambiarla por “Disfrutar”, algo que el diccionario de la RAE define como “gozar, sentir placer”, una definición más ajustada y que encaja con un concepto que definió Csikszentmihalyi (1990), el del No tiempo.

Cuando estamos en un estado de fluidez el tiempo simplemente toma una dimensión distinta y parece volar, las horas pasan en cuestión de segundos y todo el universo se contiene en aquello que andamos haciendo.

Cuando existe diversión en el trabajo, la capacidad de concentración aumenta exponencialmente, la calidad de lo realizado es muy superior y la disposición al sacrificio también, mermando la queja, el desánimo y el victimismo que aparecen en entornos de desazón corporativa.

Cuando disfruto con lo que hago, cuando me divierto, mi cuerpo segrega endorfinas, opiáceos endógenos, segregados por el propio cuerpo, que provocan sensación de bienestar y me impulsan en mi desempeño. Por el contrario, en situaciones de estrés, el cuerpo segrega adrenalina y cortisol, poderosas hormonas que llegan a suprimir el sistema inmunológico, con todo lo que ello implica.

En estado de bienestar nuestra creatividad se incrementa, los retos se ven posibles y parece que el cansancio no tenga cabida, las relaciones sociales se permeabilizan y surgen soluciones allá donde antes solo había problemas.

En mi labor como consultor y facilitador durante más de 30 años, he podido contrastar como la atracción del talento se daba con mayor facilidad en compañías cuya satisfacción de los empleados era mayor, así como menor era su absentismo.

No es una cuestión baladí en entornos en los que la diversión y satisfacción de los empleados es patente, eso se transmite a todo el ecosistema empresarial, convirtiéndose estos en los primeros embajadores de la compañía, los niveles de productividad se incrementan y, por tanto, la cuenta de resultados, algo que también hace felices a los accionistas.

Una de las funciones del líder va a ser, precisamente, identificar la forma en que sus colaboradores disfrutan con su trabajo, para dotarles del terreno y los medios adecuados para su desarrollo, ¿la forma de hacerlo?, una escucha por encima de lo normal, pleno desapego y valentía para llevar a cabo acciones disruptivas que permitan la eclosión del talento.

No perdamos el tiempo en lugares de espíritu oscuro, vayamos hacia entornos que permitan nuestro crecimiento en base a disfrutar con lo que hacemos o, en su caso, creemos esos entornos como base de un nuevo crecimiento personal y profesional.