Actualidad

Martes, 6 de Marzo, 2018

Por Ricardo Zión, Minor en Finanzas Corporativas y profesor en el Executive MBA y en el Master en Finanzas

Sin entrar en el debate sobre la sostenibilidad, legitimidad y futuro de la criptomonedas, lo cierto es que la volatilidad que han vivido estas monedas durante las últimas semanas no parece sólo fruto de la toma de beneficios. Cada vez más parece que el cerco del fisco a estos medios virtuales de pago es más estrecho. Hemos oído ya a muchos políticos de varios países reclamando tanto la necesidad de que los bitcoin y compañía deben estar sometidos a una estricta regulación, como que además deben de estar sometidos a tributación, al igual que cualquier otra inversión que pueda conllevar un incremento patrimonial o un rendimiento.

¿Será éste miedo a pasar por caja lo que ha llevado a los inversores a deshacer posiciones? ¿O será que el miedo al final de la opacidad de las divisas virtuales lleva a otros a tratar de no dejar rastro de sus inversiones?  Los argumentos de los políticos no solo se basan en su afán recaudatorio, sino en que quieren evitar el lavado de dinero y la financiación de actividades delictivas como el terrorismo y las drogas.

Tal es la preocupación, que potencias como Francia y Alemania quieren tratar este tema en la próxima reunión del G-20 que se celebrará en marzo. Esta convocatoria podría perfectamente traer consigo nuevos desplomes de las criptomonedas ante el miedo de algunos inversores a que se implementen medidas que pudieran suponer un mayor control que llevasen a aparejarlas a cualquier otra inversión.

También, al otro lado del charco preocupa este tema y el propio secretario de Estado del Tesoro de los EEUU dijo, recientemente, que hay que evitar que “las criptomonedas como el bitcoin se conviertan en el equivalente digital de las opacas cuentas bancarias suizas.”

El FMI, el BCE, el Banco de España, el ministro de Economía Luis de Guindos, la CNMV. Desde todos los frentes alertan a los inversores de la alta volatilidad de estas inversiones y de la falta de protección regulatoria.

La fábula de que viene el  lobo parece encarnarse en este caso en forma de Bitcoin. ¿Qué más hay que hacer para alertar a los ahorradores?

Es muy tentador invertir en un producto que el año pasado multiplicó su valor por dieciséis, pero también es muy arriesgado invertir en un producto que en lo que va de 2018 ha caído un 40% y ha vivido vaivenes de infarto. Y para el que faltara a clase el primer día de clase de economía les recuerdo la relación entre rentabilidad y riesgo. O para los que no han estudiado economía, lo digo de otra forma: ¡nadie da duros a pesetas!  ¿Y cómo no va a ser tentador si además hasta la fecha no tengo que comunicar y compartir con el  Sr. Montoro mis ganancias? Pero queridos inversores, esto se acaba y mi recomendación mas encarecida es que inviertan sus ahorros en algo más seguro, aunque les rente menos.