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Rafael Hurtado, Profesor de Finanzas de EAE Business School

Viernes, 25 de Mayo, 2018

Por Rafael Hurtado, Profesor de Finanzas de EAE Business School

El pasado mes de abril se reunieron el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Grupo Banco Mundial (BM) en la ciudad norteamericana de Washington. El FMI y el BM reúnen a su staff con los delegados y representantes de sus países miembros dos veces al año (primavera y otoño).

Las conclusiones de dicha reunión fueron positivas, ya que se puso de manifiesto que el crecimiento mundial continúa afianzándose y es cada vez más generalizado, gracias al fuerte repunte de la inversión y el comercio internacional. Precisamente el FMI tiene como previsión de crecimiento mundial en el presente 2018 un 3,9%.

Pese a la aparente euforia motivada por el crecimiento, en la reunión se puso de manifiesto que aún persisten riesgos en la economía mundial. Uno de los riesgos más evidentes es la guerra comercial entre Estados Unidos y China. Además del comercio internacional, también existen otras preocupaciones, entre las que podemos citar las posibles burbujas de activos tras los muchos años de tipos bajos y la acumulación de deuda pública y privada, que ha alcanzado cifras que son un récord en la historia económica.

Estos dos últimos temores (deuda y burbujas) son fruto de la pasada crisis de hace una década. Los tipos bajos, que alimentan burbujas en activos como bonos o inmuebles, surgen de la necesidad de fomentar políticas monetarias expansivas para salir de la recesión de 2008-09. Dichas políticas monetarias han provocado unas tasas de interés artificialmente bajas con el riesgo de una mala asignación de activos de los agentes económicos, y esto precisamente es lo que causa o puede causar burbujas.

La deuda pública, en especial la de los países desarrollados también se genera a consecuencia de la crisis, ya que el déficit público se disparó debido a unos menores ingresos y mayores gastos derivados de la citada crisis (como por ejemplo el aumento de las subvenciones por desempleo).

Además, a los riesgos citados hay que sumar los geopolíticos, que son muy variados y de diferente importancia, pero que por ello no deben ser minimizados. El muy citado populismo es algo que en general hoy preocupa más que hace una década, y mucho más que hace dos décadas.

El alto crecimiento mundial, que además tiene la característica de ser sincronizado (todas las áreas económicas crecen, y prácticamente todos los países también) no debe hacernos olvidar que la economía tiene ciclos y Estados Unidos ya lleva más de 100 meses de crecimiento, lo cual empieza a ser algo fuera de lo común. Antes o después llegará una recesión y precisamente ese será el momento de conocer si las medidas estructurales tomadas desde 2008-09 han provocado que hoy las economías sean más sólidas y estén mejor preparadas para una recesión y, en especial, será importante testear que el sistema financiero es hoy mucho más robusto que lo que fue en el pasado reciente.