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Martes, 2 de Enero, 2018

Por José Ramón Sánchez, profesor del Master en Dirección y Gestión Financiera de EAE Business School

El negocio de una entidad financiera comprende, básicamente, dos líneas: productos y servicios, relacionados el primero con el segundo. Por productos, básicamente, prestar y ser prestado en la forma de préstamos o productos de ahorro, respectivamente. En lo que respecta a los servicios, intermediación y elementos de pago, sobre todo.

Entre estos últimos, se encuentran las tarjetas que, bajo la denominación genérica de plásticos, aglutina diversas modalidades (débito, crédito, de ahorro, etc.), tratando de facilitar a los bolsillos la incomodidad que supone llevar efectivo. Esto conlleva un coste, tanto para el mantenimiento de la tarjeta, como por los servicios complementarios de su utilización, es decir, el pago.

El pago por medio de tarjeta del cliente al comercio y de ahí al cargo en cuenta, pasa por unos intermediarios, en la forma de proveedores de pagos electrónicos. Sin contar con la red virtual, la banca ingresa unas comisiones anuales por transacciones con tarjetas de débito y crédito alrededor de los 800 millones de euros. Estas transacciones incluyen tanto las tasas de intercambio, que son lo que paga el comerciante al dueño del terminal punto de venta (TPV), como las de descuento, que son lo que abona el propietario del TPV al emisor de la tarjeta del comprador. No se incluyen la emisión o renovación de tarjetas.

El proceso pasa por modificar, sustituir y reducir a los intermediarios de pago por tarjeta, transformándoles en suministradores de servicios de pagos: de un lado, los que dan precisamente estos servicios extendiendo el campo hacia lo online, desde empresas de telecomunicaciones, fintech o hasta gigantes de internet como Google, Apple, Facebook o Amazon.

De otro, los que ofrecen información de cuentas, que permitirá al usuario tener, en todo momento, una visión global e inmediata de su situación financiera. Aquí, se encuentran Fintonic, Finect, Plaid, Kontomatik, Eurobits, Afterbanks, Yodlee o Mint. Esta cuestión estará sujeta a un estricto control por parte de las autoridades bancarias española y europea, en un troika formada por el Banco de España, el BCE y la EBA.

Llegados a este punto, es importante tener presente el resultado neto final, esto es, beneficios y pérdidas para los agentes involucrados: clientes, entidades financieras y los nuevos servicios de intermediación. Estos nuevos servicios eliminan las barreras de entrada en un negocio casi exclusivamente bancario. No en vano, hasta septiembre del presente año, los ingresos superaron los 500 millones de euros. La entrada de competencia facilitará las posibilidades de mejorar las comisiones, de manera que el usuario puede obtener un resultado positivo de sus transacciones, ampliará las posibilidades al pago online y posibilitará la diversificación y expansión de un negocio a otras entidades no estrictamente bancarias.

Cuando la nueva normativa se ponga en marcha, el cliente tendrá la posibilidad de autorizar al comercio para que ejecute pagos en su nombre a través de su cuenta bancaria, por tanto, el comercio y el banco se comunicarán directamente cuenta a cuenta. Los bancos no podrán ni impedir esta nueva interacción ni cobrar por ella.

Un nuevo ciclo financiero se acerca: banca virtual, especificidad de las operaciones, particularización del usuario o mercados en expansión hacia otras modalidades menos físicas.

Igual, el cliente sí que debería tener razón…