Actualidad

Cristina Noguera

Lunes, 27 de Noviembre, 2017

Por Cristina Noguera, profesora del Master International MBA de EAE

Que China pisa con paso firme en el ámbito internacional es algo que ya es comúnmente conocido. Mucho más evidente en el terreno de la telefonía digital/smartphones, con claros ejemplos de compañías que han experimentado crecimientos exponenciales y una gran expansión en algo más del último lustro.

Huawei, Oppo o Vivo son algunas de las más relevantes y sólo ellas han alcanzado de manera conjunta una cuota de mercado en torno al 19% el año pasado. Aún lejos de sus claros y directos competidores, como Samsung o Apple, su crecimiento se aproxima a estos,  que se ven amenazados ante un mercado en continuo  crecimiento y cuya previsión, a corto y medio plazo, es que continúe por esta senda de prosperidad.

Pero no es sólo en el sector de los smartphones donde el esplendor chino se deja notar. En el sector digital, hay un claro y evidente emerger del mercado chino que desde hace pocos años ha producido que se distingan dos claros bloques: el estadounidense versus el chino.

WeChat vs. WhatsApp, en el ámbito de la mensajería instantánea;  Alibaba vs. Amazon, en el ámbito del comercio digital son sólo dos claros ejemplos de esta confrontación de ambos mercados.

¿Y dónde encontramos el origen de este emerger chino? Para ello hay que ir directamente a las bases del país asiático. China, un país en el que su Gobierno proporciona absoluta prioridad al fomento de las tecnologías como base para el crecimiento social y económico del país.

El Gobierno chino tiene una clara convicción. Si quiere aspirar a situarse en un papel relevante en el ámbito internacional, debe ser puntero en el área tecnológica y así lo promueve en su tejido empresarial y ámbito educativo.

Está claro que el auge del sector tecnológico chino que se ha venido experimentando en los últimos años, únicamente tiene visos de continuar consolidándose en los años venideros y situarse en una posición de líder en la industria.

La principal duda es si este papel de preponderancia podrá ser mantenido durante la siguiente disrupción tecnológica que se avecina: La era de la inteligencia artificial.

El Gobierno chino lo tiene claro y por ello ha establecido una hoja de ruta que contiene dos hitos relevantes. Sitúa al año 2020 como primer hito diferenciable, en el que China planea contar con sólidas empresas que sean referencia en IA a nivel nacional y, el año 2030, como hito en el que logrará posicionarse como líder indiscutible en este ámbito, habiendo por entonces desbancado a sus competidores, y más especialmente, a la industria estadounidense.

Habrá que esperar a ver si tal y como los líderes chinos tienen previsto, dentro de poco más de una década, el nuevo Silicon Valley estará situado en la ciudad de Pekín o si el nuevo lenguaje de programación se basará en el característico “hànzi” o pictogramas chinos.

Mientras tanto, lo que está claro es que sus principales competidores observan a su vecino de Asia Oriental de cerca, intentando evitar que estos pronósticos se acaben convirtiendo en realidad.