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Por María Ángeles Ruíz Ezpeleta, profesora del Máster en Supply Chain Management Full Time y Executive de EAE Business School

Lunes, 4 de Diciembre, 2017

Por María Ángeles Ruíz Ezpeletaprofesora de Gestión Global en el Máster en Supply Chain Management Full Time Executive de EAE Business School en Barcelona.

El artículo de La Vanguardia del 7 de noviembre especifica que alrededor de 50 entidades financieras han llevado a cabo consultas con el Banco Central Europeo (BCE) y están pensando en trasladar su sede desde el Reino Unido a otro país de la Unión Europea a raíz del Brexit.  

Según la presidenta del Consejo de Supervisión del Banco Central Europeo (BCE), la Sra. Daniéle Nouy, son un total de 50 bancos los que han llevado a cabo una solicitud de traslado que puede formalizarse con cierta rapidez.

No hay duda de que algunas entidades ya han decidido el traslado de sus sedes a Frankfurt o Dublín pero, aunque la consulta la hayan realizado 50 bancos, que representan aproximadamente un 20% de los bancos existentes actualmente en la City de Londres, no se puede afirmar que la totalidad traslade su sede.

Se puede considerar  que los comentarios de la Sra. Daniéle Nouy son alarmistas y no hay duda que representa una visión parcial y política, ya que como presidenta del Consejo de Supervisión del BCE, la Sra. Nouy desea dejar bien claro que el Brexit traerá graves consecuencias al Reino Unido. Su obligación es advertir que cualquier país que decida abandonar la Unión Europa, y como consecuencia su adhesión al BCE, tendrá un grave perjuicio económico.

Mientras Nouy augura la más terrible de las consecuencias al sector financiero del Reino Unido, en el mismo artículo se muestra partidaria de la creación de un ‘banco malo’ europeo que permita solucionar los problemas bancarios existentes en los países pertenecientes al BCE, especialmente los créditos improductivos (NPL). Danièle Nouy asegura que “Una gestora europea de activos sería una buena herramienta”.

El artículo informa de la posible marcha de las entidades del Reino Unido, pero, a la vez, reconoce uno de los   problemas existentes en el Sector Bancario Europeo y plantea crear “un banco malo”.

En el artículo de Expansión del 17 de junio del 2016,  previo al Brexit, se detallaba la opinión de algunos integrantes  de la City Financiera de Londres que deseaban la salida de la UE. Criticaban la gestión del BCE y la dependencia de las normativas financiera de Bruselas, que algunos consideraban perjudiciales para el Reino Unido. Está claro que la pertenencia al  BCE tiene ventajas, pero también inconvenientes al tener que adherirse a unas normas que, en muchos casos, han demostrado no ser del todo eficientes para una gestión financiera óptima. En el artículo mencionado se contemplaba la posibilidad de que, aunque el Reino Unido decidiese abandonar la UE y como consecuencia su pertenencia al BCE, las negociaciones permitirían al  Reino Unido continuar con su política financiera, sin perjudicar a la City Financiera de Londres. Lo que no se valoró en su momento fue la postura actual de la UE en las negociaciones, intransigente y ejemplarizante con el fin de que ningún otro país decida abandonar la UE.