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Smart Cities. ¿Vivimos ya en las ciudades del futuro?

Hoy, día Mundial de las Ciudades, analizamos la tecnología como plataforma de modelos innovadores de convivencia y como recuperación de la esencia de nuestras ciudades

Martes, 31 de Octubre, 2017

Por Lola Ripollés, profesora del Máster en Project Management de EAE Business School

La ciudad del mañana es un gran reto y como arquitecto y urbanista, como diseñadora y cómo urbanita, el tema de las Smart Cities, me apasiona. Está claro que las ciudades se van a transformar y la transformación va a ser exponencial. Vamos a vivir cambios muy veloces determinantes en el modo de entenderlas y nuestra relación con los espacios y servicios urbanos se estará continuamente reinventando.

Podemos leer las Smart Cities en tres niveles, el primero sería el referido cambio climático, el segundo a la tecnología en sí y el tercero a nivel de la participación y de la convivencia ciudadana.

Estamos en un momento en que, por primera, vez se puede decir que somos conscientes, como sociedad, del cambio climático. Nos damos cuenta y parece que queremos actuar. Esto tiene un impacto en el modo en que vivimos nuestras ciudades y en cómo las queremos transformar. Hemos pasado a ser urbanitas activos eligiendo lo que queremos con nuestros smart-phones en la mano. Por otra parte, la irrupción de las nuevas tecnologías en todos los ámbitos, se hace extensiva a nuestro hábitat, a nuestras ciudades. Sumándole también todos los nuevos modos de movilidad urbana y de su gestión.

Estamos viviendo unos cambios que van a ser determinantes en nuestro modo de entender y de vivir la ciudad. Las grandes ciudades cada vez atraen a más gente y tienen mayor población. Una de las tendencias claras son las ciudades que se convierten en focos culturales y sociales tan fuertes que adquieren importancia a nivel mundial como si fueran mini-naciones, son ciudades-estado, como NY o Londres. Estas ciudades-estado llegan a tener influencia y a ser polos de atracción no sólo de territorios contiguos sino de más allá de fronteras. Y además se conectan fuertemente entre sí. Se comportan de maneras similares reflejando tendencias y nos marcan patrones en los que una solución urbana pudiera ser extrapolable de un núcleo a otro.

Por ello la gestión de estos núcleos de población y la ayuda que la tecnología nos preste para ello es vital. Smart en temas como la gestión de residuos o gestión del agua, en la gestión de la calidad del aire, del tráfico en estos núcleos, es un mundo de enormes posibilidades.

Los cambios que nos traen las Smart Cities se producen desde el ámbito regulativo al ámbito privado cada uno a distinto ritmo. Muy importantes son también los cambios a nivel individual, los que cada persona con sus aplicaciones, elige para gestionar su uso y disfrute de la ciudad.

Tenemos que mirar al futuro y dejar de considerar el edificio como hecho aislado. Pasamos de edificios inteligentes a vecindarios inteligentes (que comparten servicios que no son sólo transporte, sino sistemas compartidos de acondicionamiento de aire y calefacción con centrales compartidas reguladas por sistemas en los que unos edificios ceden a otros lo que les sobra, equilibrando el sistema y ahorrando energía). Son Los NZEN (“Nearly Zero Energy Neighborhoods”).

A nivel de desarrollo físico y transformación urbana, con las nuevas tecnologías se abre la puerta a una comunicación directa de los organismos de gestión urbana con los ciudadanos y a unos procesos de diseño urbano participativos. Estos días hemos visto cómo el ayuntamiento de Madrid nos invitaba por email a elegir los proyectos de remodelación de once plazas madrileñas (directo a nuestra bandeja de entrada, o a nuestro twitter). De este modo la apropiación de la ciudad por parte de sus habitantes y su compromiso con ella es mucho más fuerte. También debemos desarrollar los nuevos usos y formas de los espacios que veremos liberados con el cambio del uso del vehículo privado tal y como lo conocemos hoy.

He hablado de las mega ciudades, pero la tecnología es también una herramienta magnífica para fomentar el equilibrio territorial. Ciudades de tamaño intermedio, de gran calidad de vida que bien conectadas entre sí, forman redes urbanas que ofrecen “de todo” a sus habitantes, sacándolas de su posible aislamiento y dándolas mayor visibilidad y mayor oferta cultural y de servicios.

Con todo, lo que me parece más interesante es cómo estas ciudades inteligentes pueden ayudar a desarrollar nuestras comunidades y como la ciudad vuelve a ser importante para la persona. Dejar de sufrir la ciudad para comenzar a disfrutarla. Más allá de la gestión energética y de un uso cada vez más cómodo y eficaz de la ciudad, a través de otros modos de transporte o de servicios a la carta, quisiera que la tecnología y los datos de los ciudadanos, fueran una herramienta, no solo comercial, sino para mejorar el modo en que nos relacionamos y para recuperar la vida de muchos de nuestros espacios urbanos.

Ya hemos visto el papel determinante de las nuevas tecnologías en la gestión de momentos de crisis en las ciudades (en los ataques terroristas) y ahora lo veremos en la gestión de temas más prácticos del día a día y en otros campos como el ocio. Un magnífico ejemplo ha sido la reciente “noche en blanco” de Madrid, creando con tecnología un festival visual e interactivo para la participación y puesta en valor de nuestra ciudad.

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