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Miércoles, 20 de Septiembre, 2017

Por: Victor Ruiz Ezpeleta, profesor del Master en Project Management de EAE Business School

El trabajar de lunes a viernes de 9 a 18h (o 19-20h) va pasando a la historia, poco a poco, en nuestra vida profesional. Cada vez son más las empresas que adoptan nuevos modelos para que los trabajadores se sientan más cómodos, reconocidos y puedan combinar mejor su tiempo personal.

Los profesionales convierten la playa, el bar o la biblioteca en su oficina durante el verano o algún fin de semana. El hecho que, mediante nuevas tecnologías sea fácil la conexión a archivos, programas y clientes fuera de la oficina hace que no sea necesario nuestro desplazamiento y podamos trabajar en cualquier lugar del mundo. Este hecho tiene obviamente ventajas e inconvenientes. Los inconvenientes son de sobra conocidos (estrés adicional, reducción del tiempo de descanso, etc.) pero debemos prestar atención también a las ventajas, y como, bien gestionadas, puede resultar beneficioso el hecho que podamos trabajar desde cualquier sitio.

Las nuevas fórmulas de empleo han cambiado las relaciones de las empresas con sus empleados y se proponen métodos más flexibles para que cada uno gestione su propio tiempo. Nuestro país aún vive en algunos casos del modelo “el que se va más tarde es porque más trabaja”, pero esto también tiene fecha de caducidad. Está demostrado que permitir mayor flexibilidad en el horario aumenta la productividad y el ánimo de las personas.

Debido a que en muchos trabajos, hoy en día, no se requiere un mayor esfuerzo físico, sino intelectual, es posible combinar mejor los períodos vacacionales, pudiendo disfrutar de períodos cortos durante distintos meses a cambio de reducir las vacaciones estivales.   

Debemos de ser conscientes, no obstante, de que el descanso y la desconexión son necesarios para recargar las pilas y evitar el efecto ‘burn-out’ o llegar exhaustos por no haber descansado con anterioridad.

Las ‘trabacaciones’ son más frecuentes en trabajos por proyectos, donde es posible combinar trabajo con pequeños descansos a la finalización de ciertas tareas o proyectos. Este efecto es beneficioso, ya que aumenta la sensación de mayor descanso y también rompe con la rutina habitual y tradicional de períodos de descanso trimestrales (Navidad, Semana Santa, verano).

Estos modelos, implantados en empresas norteamericanas e inglesas, están dando sus frutos, ya que aumenta la productividad, la motivación y la implicación por la empresa. Además, este activo atrae el talento, ya que las nuevas posiciones demandadas buscan también esta libertad y flexibilidad y en muchos casos son más valoradas que un aumento de sueldo o un futuro ascenso. Es cierto que en algunos trabajos hay más demanda presencial por su naturaleza, pero si buscamos soluciones imaginativas y de compromiso por ambas partes podremos llegar a acuerdos en los que todas las partes se sientan cómodas. Es por esto que implantar objetivos claros, medibles y realizables es vital para que todo el mundo tenga claro qué tiene que hacer y cuándo tiene que terminar más que estar calentando una silla hasta horas en las que resulta improductivo seguir trabajando.

Es cierto también que estos modelos requieren de una mayor profesionalización y seriedad por parte de los trabajadores, ya que hay que autoliderarse, ser más efectivo y organizado, pero el esfuerzo vale la pena, pues aumentará nuestra autoestima, el compromiso con la empresa y los resultados.  

Las tendencias son las que marcan los cambios en las sociedades, y ahora estamos viviendo una muy positiva, en la que, gracias a las tecnologías y las tipologías de trabajo, podemos personalizar más nuestros horarios y hacerlos más flexibles y compatibles con nuestras otras ocupaciones para llevar una vida más equilibrada y, en definitiva, sentirnos realizados en todo aquello que hacemos. Es una oportunidad que no podemos dejar escapar.