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Susana Carrizosa, Periodista colaboradora de El País

Miércoles, 6 de Junio, 2018

Por: Susana Carrizosa, Periodista colaboradora de El País

Doy por supuesto que tenemos un producto que interesa al consumidor. A partir de ahí, incrementar la cuenta de resultados es pura estrategia, aderezada con mucha ilusión y una brutal pasión. Moverse en redes, innovar, una página web actualizada y atractiva, un buen plan de marketing o conocer como la palma de la mano a la competencia es, o debe de ser, el pan nuestro de cada día en el baile empresarial. Y que no falte el conocimiento, que por algo, según cifra la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, OCDE, el 41% de nuestros jóvenes entre 25 y 34 años posee estudios universitarios.

Amén de esta preparación, por encima de la media de las naciones de la UE (36,3%) , tras la crisis, las nuevas tecnologías y redes sociales, la obligatoria transformación digital, los nuevos modelos de negocio y las profesiones emergentes han cambiado para siempre las reglas del mercado laboral. El desempeño es diferente. Es el turno de las competencias y las habilidades. Mandan las soft skills. Las empresas buscan talento con ADN para negociar,  tomar decisiones y pensar diferente. Total nada. Ahora el crecimiento se mide en actitudes.

Pero ¿es posible aprender a pensar? ¿quién nos instruye para ver situaciones con diferentes criterios o  para tomar decisiones exitosas? Según el profesor Davis Perkins, de la Universidad de Harvard, la mente está preparada para aprender a pensar. Solo hay que poner en práctica “estrategias sencillas”. Para lo que recomienda tener tiempo, alejarnos del asunto que nos atañe y contemplarlo con mayor perspectiva, valorarlo desde otros ángulos, lo que nos llevará a nuevas opciones.

Pensar diferente requiere, según la neuroeconomía, energía y tiempo. Un mayor estado de profundidad exige paciencia y tranquilidad así como energía para reprogramar nuestro cerebro evitando conflictos que, a menudo, generamos nosotros mismos fruto de la mente colectiva, de los prejuicios y de las zancadillas al pensamiento positivo. Algo que nos bloquea y nos impide avanzar hacia caminos distintos que impliquen nuevas soluciones que se traduzcan en innovación para nuestra empresa.   

Así, esta nueva disciplina del conocimiento trata de explicar por qué tomamos unas decisiones y no otras influidos por nuestras emociones, por lo que entrenar nuestro cerebro nos llevará a reconducir emociones negativas que condicionen nuestra habilidad negociadora. Se impone desarrollar nuestra carrera desde las competencias emocionales. Y hay camino. Aunque es cierto que algo hemos avanzado en aprender a ser jefes, a respetar al subordinado, a no apuntarnos medallas que no nos corresponden, a trabajar en equipo, a encajar las críticas y a crear buen ambiente. Incluso a hablar en público.

Hoy casi todo es educable y aprendible si uno quiere. Y más desde los institutos y colegios, que son el punto de inflexión. Así, celebro que estos días, aprovechando la extinción de los exámenes de septiembre, algunos han aprovechado para incorporar ya, durante el mes de mayo y dirigidos a alumnos que han aprobado todo, talleres de gestión y habilidad emocional. Un gran paso.