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Susana Carrizosa, periodista colaboradora de El País

Jueves, 15 de Diciembre, 2016

Por: Susana Carrizosa, periodista colaboradora de El País

Me empieza a rayar lo de la escasez de talento en España. Y ese desajuste tan cacareado entre el debe y el haber. Pero ¿cómo es posible que un país con 4,3 millones de desempleados (tercer trimestre EPA) y a la cabeza de Europa con mayor tasa de universitarios vea cómo cada año aumenta la brecha entre el talento que hay en el mercado con el que necesitan las empresas? Y no echemos todo al saco del paro estructural.

Si el 26% de los directivos españoles declaran que van a tener dificultades en los próximos 5 años para encontrar los profesionales adecuados (Informe ManpowerGroup) es porque se está avanzando de manera desacompasada. Y a ver quién le pone el cascabel al gato. Porque en el pastel del mea culpa hay para todos: empresa, universidad, jóvenes y directivos que no acaban de reinventarse. No se crea tampoco la Administración que se va a ir de rositas.

Talento en España hay. Y mucho. Ahora bien, nadie dice que la tarea de adaptación al nuevo mercado laboral así como al imparable proceso de digitalización sea fácil. Esta cuarta revolución industrial nos trae un mundo presidido por los datos cuyos líderes serán aquellos que sepan interpretarlos y extraer su rentabilidad.

En este nuevo normal las organizaciones buscan directivos que les hagan ganar dinero y a corto plazo, o dicho en palabras de mercado: líderes orientados a resultados, con experiencia internacional, que sepan trabajar en equipo, en entornos digitales y, por supuesto, con habilidades hard (técnicas)  y soft, (de comunicación, gestión del tiempo y del estrés, resolución de conflictos…) Y claro, ese talento resulta que no está disponible y si lo está demanda salarios que las empresas no están dispuestas a pagar. Compañías, ¡al rincón de pensar!

A ver, que si no hay talento para las nuevas necesidades laborales habrá que reorientar políticas y apostar por el que se tiene. Si el grupo Randstad ha hecho público en su último informe que en España se va a crear nada menos que 1,2 millones de empleos en los próximos cuatro años para los profesionales en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, pues al lío. Y nada de quedarnos en el lamento de que en los últimos siete años han descendido en 65.000 los estudiantes que optan por estos sectores. El mundo robotizado al que avanzamos exige especializaciones en estas materias. Así pues a dar todos el do de pecho.

A la Universidad no le queda otra que pisar el acelerador y adaptar sus grados (tanto en conocimiento como en profesorado) a las exigencias empresariales donde sí hay trabajo. Y al Gobierno ponerse las pilas para lanzar campañas de promoción de estas licenciaturas y darlas mayor visibilidad para atraer vocaciones. Como si hay que protagonizar una serie con Mario Casas y Blanca Suárez en los papeles de ingenieros jefes.

Que no van a ser todos, y vaya mi respeto por delante, bloggers, youtubers,  gameplayers o instagramers. Pongamos las ciencias y las tecnologías, las ingenierías y las matemáticas de moda. Que las redes se llenen de influencers en estas especialidades y arrasen entre los jóvenes. Creemos tendencia y hagámosla trending topic. Copiemos descaradamente los outfits laborales de la Alemania de Merkel para que los alumnos firmen con las empresas contratos laborales que les faciliten esa experiencia de al menos tres años que demandan las compañías para colocarse.

Y animemos al talento maduro a que se lance a la reconquista de su carrera con la formación continuada como abanderado. Compañías, rásquense Uds. el bolsillo o pidan a sus majestades los Reyes Magos formación de la buena para reciclar sus plantillas y llevarlas a los nuevos desafíos. Solo así haremos una España de futuro.