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Rafa Bernardo, periodista de Cadena Se

Miércoles, 7 de Junio, 2017

Por: Rafa Bernardo, periodista de Cadena Ser

Si se dedica al emprendimiento, o –como en mi caso- a hablar de él, se va a encontrar antes o después con reacciones entre burlonas y airadas cuando utilice algún término en inglés característico de la jerga del sector. No se resista: le va a pasar. Un buen día dirá business angel, coworking o elevator pitch, y entonces le caerá encima una catarata de reproches de algún amigo o conocido (o incluso de un desconocido) por utilizar esas palabras en inglés. Un reciente artículo apunta, incluso, al término start-up como emblema de una práctica que, teme el autor, puede acentuar “la sensación hispana de inferioridad”, una situación psicológica que nos llevará a que “desdeñaremos el talento cercano” o “no apreciaremos la innovación propia”, entre otros males que señala.

Confieso que, antes de dedicarme al emprendimiento, a mí también me resultaba algo enojosa esa proliferación de anglicismos, pero ahora veo las cosas de otra manera. No creo que sea una causa de empobrecimiento cultural, sino que puede ser hasta lo contrario: un síntoma de que vivimos en un entorno más abierto y conectado con otras tradiciones.

Para empezar, muchas start-ups se mueven en un entorno cada vez más internacionalizado, en el que el uso del inglés no es una opción, sino una necesidad. Esto es algo para celebrar, no para lamentar, y no me parece mal cierta indulgencia con el que es CEO durante todo el día en sus tratos con el resto del mundo, y que mantiene ese título cuando opera también en el ámbito hispanohablante. Es un término ya de sobra conocido, que no descoloca a nadie.

Además, por mucho que se empeñen algunos en lo contrario, hay términos, palabras o frases que no se dejan verter fácilmente en español sin sonar rechinantes o perder algún matiz, algo que pasa con frecuencia en ámbitos como el que nos ocupa, pero también en muchos otros, como en la música: ¿Es un blues una “canción triste”, sin más? ¿Le parece que Canción triste de Hill Street, la traducción en España de la serie de la NBC que triunfó en los 80, es un título que no se deja nada por el camino? Ahora, muchas de las series que vemos en plataformas internacionales de difusión de contenidos no traducen los títulos; de nuevo, yo lo interpreto como un síntoma positivo: estamos más familiarizados con otras realidades globales y las decodificamos sin mayor problema, sin ceder por ello un ápice de la cultura propia.

La explosión del emprendimiento y su jerga son relativamente recientes, y hasta que se estabilicen en nuestra cultura habrá desajustes, préstamos lingüísticos, traducciones más o menos felices y patadas al diccionario; dudo que este asunto sea particularmente grave. Por supuesto, en el ecosistema emprendedor hay fantasmas y vanidosos, y –por la naturaleza del fenómeno- una de las formas que tienen de hacerse notar es presumir del manejo de términos en inglés; bueno, ni más ni menos que los fantasmas de otros ámbitos hacen ostentación de sus conocimientos “técnicos”, sea en las alineaciones futbolísticas o en la resolución de conflictos internacionales.