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Ricardo Zion, profesor del Máster en Bolsa y Mercados Financieros de EAE Business School

Miércoles, 3 de Enero, 2018

Por Ricardo Zion, profesor del Máster en Bolsa y Mercados Financieros de EAE Business School

Mucho ha llovido, desde que en mayo de 2012, el gobierno tuvo que tomar las riendas de Bankia. El dinero fácil proveniente del ladrillo hizo olvidarse del negocio bancario tradicional. La broma costó al menos 24.552 millones a los contribuyentes. Y lo triste es que se pudo haber evitado si el grupo hubiese aceptado la fusión con La Caixa, pero al parecer Rato se negó por problemas de poder con Isidro Fainé, presidente entonces de la entidad catalana.

Hace unas semanas el Estado puso a la venta un paquete equivalente al 7% del capital de Bankia a un precio de 4,06 euros por acción que dejó ingresos por 818,3 millones de euros. Y lo hizo por la presión del Fondo Monetario Internacional (FMI), del Banco Central Europeo (BCE) y del sector financiero para retomar apresuradamente la privatización, aún afrontando el coste político de vender con minusvalías. Esta colocación marcó un suelo de 4 euros por acción. 

Después de esta venta, Noruega, a través de su fondo soberano Norges Bank, anunció la compra del 3,26% del capital de Bankia, convirtiéndose  en el segundo mayor accionista tras el Reino de España. Norges Bank, que gestiona el mayor fondo de riqueza soberana del mundo con un capital superior a los 850.000 millones de euros, es un viejo conocido en la Bolsa española, en la que está presente en valores como la cadena hotelera Meliá, la energética Iberdrola, la cadena de supermercados DIA, Técnicas Reunidas o Viscofan. Y también participa en otros bancos como BBVA, Santander o Liberbank. 

La buena noticia es que, al menos de momento, no parece que una vez más una empresa española estratégica vaya a acabar en manos extranjeras como ya ha ocurrido con muchas otras como Endesa, Cepsa, Seat, Gamesa, Iberia, etc,  ya que la participación del fondo soberano noruego se puede considerar como financiera, sin vocación de gestión ni de formar parte del consejo de administración. Asimismo, es positivo que los mercados confían de nuevo en la economía española y más en un sector que ha sufrido mucho en el pasado reciente. La demanda fue tan elevada que el importe se cubrió tan solo 35 minutos de abrir los libros. El 86% de los inversores fueron de Reino Unido y Estados Unidos. Además todo ello en un momento en que la situación política actual no ayuda mucho para creer en el crecimiento de la economía española a corto plazo. 

Pero no todo parece ser buenas noticias en esta nueva venta de un paquete accionarial por parte del Estado de la nacionalizada entidad financiera Bankia. Sin lugar a dudas la gestión de la entidad ha sido de manual en los últimos años, centrándose en su core business y recobrando la confianza de los mercados, accionistas, clientes y empleados. Sin embargo, el FROB entró en el capital de Bankia a un precio de 1,35 euros por acción, en la ampliación de capital realizada en mayo de 2013 por 10.600 millones de euros. Ese precio a día de hoy se traduce en un coste de 5,4 euros por título, después del reagrupamiento de acciones realizado el pasado mes de junio de cuatro títulos en uno. Así, el precio de venta del 7% del capital de Bankia deja una pérdida por acción de 1,34 euros, que resulta en pérdidas de 270 millones de euros.

Adivinen quien, una vez más, paga la fiesta. Sí, sí, el contribuyente… 

Y la fiesta no acaba aquí, ya que con el precio de referencia de esta operación todo parece presagiar que la fiesta seguirá, y seguirá además pagada del bolsillo de cada uno de nosotros. Parece que el Gobierno prepara la venta de otro paquete de entre el 15% y el 20% del banco a partir del próximo mes de febrero.

Y no es esta la única mala noticia: este fondo soberano  noruego “presta“ sus acciones y normalmente a los bajistas que tanto daño hacen a los accionistas. Bankia se ha convertido en 2017 en la más atacada por los bajistas, que apuestan contra una acción mediante el alquiler de títulos: los venden al recibirlos, esperando que la acción baje por la elevada oferta y los recompran rápidamente para devolverlos. La compra anunciada por Norges Bank y por otros fondos no va a detener precisamente esta práctica. Los bajistas son generalmente ‘hedge funds’ que toman acciones prestadas de fondos cuya inversión es de largo plazo y consiguen una rentabilidad extra con comisiones en el corto plazo con esta práctica. Fondos como Norges Bank, Goldman Sachs, JP Morgan o BlackRock suelen alquilar sus acciones.

Se demuestra una vez más que las prisas no son buenas, ya que quizás hubiese sido mejor esperar para poner a la venta este paquete, y lo que es peor, que es un mal precedente para que lo que pueda venir en los próximos meses. Todo ello en perjuicio del accionista no institucional y del siempre perjudicado contribuyente.