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Maria Ángeles Ruiz Ezpeleta, profesora de Gestión Global en el Máster en Supply Chain Management Full Time y Executive de EAE Business School en Barcelona

Miércoles, 27 de Diciembre, 2017

Por Maria Ángeles Ruiz Ezpeleta, profesora de Gestión Global en el Máster en Supply Chain Management Full Time y Executive de EAE Business School en Barcelona

En el artículo de economía del mundo del 9/12/2017, se comenta la decisión del Gobierno Ruso de poner en marcha la primera línea de producción de la planta de licuefacción de gas natural Yamal LNG y de suministrar a España 3.200 millones de metros cúbicos anuales, a partir del 2018. Este suministro representará un 10% del consumo anual de España de gas desde el yacimiento Yuzhno-Tambéyskoy, uno de los más grandes de Rusia, situado en el ártico.

El traslado del gas no se hará a través de gaseoductos o tuberías sino por transporte marítimo especialmente a través del rompehielos Christophe de Margerie.

España importa actualmente el gas de varios países, siendo los más importantes Argelia (51%), Francia (12%)  y Qatar (11%).

Los argumentos de las ventajas de este nuevo proveedor, según el artículo mencionado, proviene básicamente del precio, unos 210 dólares por cada mil metros cúbicos, 30 doláres menos que otros competidores, y de la estabilidad política del país.

El argumento de la estabilidad política de Rusia es un tanto discutible, ya que los actuales países proveedores de España: Argelia, Francia o Qatar, se podrían considerar tan o más estables que Rusia y respecto al precio de compra, aún inferior, no tiene en cuenta los costes adicionales que se pueden generar por el impacto medioambiental que tendrá el traslado del gas licuado desde un punto tan lejano con trasporte marítimo en lugar de hacerlo, como en un gran porcentaje se hace actualmente, a través de gaseoductos.

El Gas Natural que España compra a Argelia llega en gran parte a través del gaseoducto internacional Medgaz, siendo el traslado del gas natural a través de tuberías o gaseoductos unos de los medios menos contaminantes que existen en el traslado de ese tipo de gas.

Los terribles efectos contaminantes del trasporte marítimo se pusieron de manifiesto en el documental Freightened (2016), del cineasta Denis Delestrac, que revela lo destructiva que puede ser socialmente y desde el punto de vista medioambiental la industria internacional del transporte marítimo.

Aparte de las condiciones infrahumanas de muchos de los trabajadores de estos buques transportadores de mercancía, parte central de la crítica del mencionado documental, el transporte marítimo, según Delestrac, al  generar residuos de los destilados del petróleo, provocan, en cada viaje que realizan, una contaminación atmosférica equivalente a miles de automóviles. Imaginemos viajes constantes desde el ártico a España la cantidad de residuos que dejarán de estos destilados de petróleo y el coste medioambiental que causarán.

Por otro lado, la industria del transporte marítimo internacional, según el mencionado documental, se negó a entrar en los acuerdos climáticos de París, porque el poder de la Industria es tal que puede fácilmente eludir los acuerdos y controles medioambientales.

De nuevo una noticia optimista sobre un nuevo proyecto para el consumo de energía en nuestro país, priorizando el coste presente, sin tener en cuenta el coste futuro que la sociedad tendrá que pagar por la contaminación y el cambio climático.