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Lunes, 19 de Marzo, 2018

Inversión y sostenibilidad. Dos palabras que, en el 2018, irán cogidas de la mano para trazar el mismo camino. Como ocurriera en el año anterior, los criterios éticos cada vez tienen más protagonismo en la toma de decisiones. Las empresas quieren conseguir resultados también a nivel ambiental y social. Y no hablamos de una tendencia.

Precisamente, hace apenas unos días, la Comisión Europea ha oficializado su estrategia para que el sistema financiero respalde las cuestiones relativas al desarrollo sostenible y, además, las haga realidad. Entre algunas de las acciones, destaca:

  • Definir qué es sostenible y señalar las áreas en las que se puede llevar a cabo la inversión sostenible.
  • Crear etiquetas de la UE para los productos financieros “verdes” que reflejarán si cumplen o no los criterios ecológicos.
  • Recordar la obligación de los inversores institucionales de tener en cuenta la sostenibilidad en el proceso de inversión.
  • Aumentar la divulgación de información.
  • Apostar por la transparencia de los informes corporativos.

Hay un perfil de directivo que quiere que su empresa genere un impacto positivo en la sociedad y responda a los grandes desafíos del siglo XXI. En Estados Unidos, los jóvenes Jay Coen Gilbert, Bart Houlahan y Andrew Kassoy decidideron crear el 'B Lab', un nuevo organismo que otorga el Certificado B. Las B Corps son aquellas compañías que han conseguido este sello porque han demostrado su compromiso social y ambiental.

Hasta ahora, este fenómeno se ha extendido mundialmente y ya son más de 2.000 empresas en 50 países. No importa que sean pequeñas o grandes. Si hay que otorgar prioridad a algo es a sus intenciones y, sobre todo, a sus acciones.

Pero, ¿sabemos exactamente qué tipos de inversiones sostenibles existen? Estos son los principales según el Global Sustanaible Investment Alliance:

  • Clasificación basada en normas: selección de inversiones basadas en normas internacionales sobre criterios sociales o ambientales.
  • Evaluación negativa / excluyente: exclusión, por razonamientos propios, de inversiones que no cumplen esos criterios éticos.
  • La mejor de cada clase: inversión en sectores, empresas o proyectos seleccionados precisamente por el rendimiento de ASG (ambiental, social y del gobierno corporativo) que ofrecen.
  • Integración ASG: Inversiones de factores ambientales, sociales y del gobierno corporativo en el análisis financiero.
  • Inversión temática de sostenibilidad: en temas o activos específicamente relacionados con la sostenibilidad, como podría ser la tecnología verde.
  • Impacto / inversión comunitaria: inversiones dirigidas a resolver problemas sociales o ambientales. Se incluye la inversión comunitaria.

Según datos de Eurosif –la principal asociación europea para la promoción de la financiación sostenible–, Europa está a la cabeza de la inversión sostenible en el mundo, con 23.000 millones de activos gestionados con criterios.

Por otra parte, Corporate Knights clasifica las empresas en función de su compromiso con la sostenibilidad, destacando aquellas compañías con una capitalización de mercado de al menos 2.000 millones de dólares aquellas que muestran un mayor grado de sostenibilidad teniendo en cuenta 14 indicadores. Y por cierto, ¿sabías que en su top10 de compañías sostenibles, destaca la española Enagas?

Queremos el planeta en el que vivimos porque no hay otro. Pero sobre todo, lo queremos para hacerlo mejor. El Plan de Acción de cada empresa es el mejor reflejo de ese pensamiento que quiere conectar las finanzas con los beneficios del planeta y de la población.

Fuente: Global Sustanaible Investment Review