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Noelia García, periodista de El Economista

Viernes, 2 de Febrero, 2018

Por: Noelia García, periodista de El Economista

La atención consciente, o atención plena, Mindfulness es un proceso psicológico por el cual se presta atención a las experiencias internas y externas que se producen en el momento presente.

Aunque tiene sus raíces en la meditación budista, se ha puesto de nuevo de moda, en parte a través del trabajo de Jon Kabat-Zinn y su programa Mindfulness-Based Stress Reduction (MBSR), que lanzó en el Escuela de Medicina de la Universidad de Massachusetts, 1979. Desde entonces, se han publicado miles de artículos en el modelo de MBSR para escuelas, prisiones, hospitales, empresas, etc. Esta capacidad puede ser desarrollada a través de la meditación u otro tipo de formación específica. Esta práctica ayuda a reconectarse con uno mismo para aliviar el estrés.

En educación, la capacitación de Mindfulness ayuda a construir la resiliencia en los estudiantes universitarios y mejorar su salud mental, especialmente durante los estresantes exámenes, según una investigación de la Universidad de Cambridge. El estudio, que involucró a más de 600 estudiantes de Cambridge, concluyó que la introducción de cursos de Mindfulness de 8 semanas en universidades del Reino Unido podría ayudar a prevenir enfermedades mentales y mejorar la salud mental de los estudiantes en el sector de la educación superior. En Reino Unido, los servicios universitarios de salud mental han experimentado un enorme aumento en la demanda, con un aumento del 50% entre 2010 y 2015 en el número de estudiantes que acceden al asesoramiento.

A un estudiante le puede evitar el soñar despierto y la postergación, y le ayuda a aprender de manera más efectiva. También se ha demostrado que es excelente para la atención e incluso se utiliza como una técnica en el tratamiento del TDAH. A medida que nos enseñamos a nosotros mismos a permanecer presentes, nuestra memoria mejora, no tenemos arrebatos emocionales e incluso nos sentimos más satisfechos con nuestras relaciones. Para los estudiantes, la capacidad de aquietar la mente puede ayudar a aprender más fácilmente y a vivir menos estresados.

Incluso se ha demostrado que después de un curso, la corteza prefrontal crece. Esta es la parte del cerebro responsable de las funciones de alto orden, como la toma de decisiones y la conciencia. Asimismo, tiene un gran impacto en las habilidades sociales. A través de la práctica, los estudiantes aprenden autocontrol y respeto por los demás y mejoran la resolución de problemas interpersonales.

La realización del Mindfulness evidencia mejoras pequeñas pero significativas en las habilidades cognitivas y las conductas sociales y emocionales. Cambia las reacciones impulsivas por respuestas reflexivas. Incrementa la paciencia y logra periodos de atención más largos. Cada vez son más las universidades y escuelas que están incluyendo esta práctica en el currículo académico. La instrucción aprovecha una ventana de oportunidad natural, sobre todo en la infancia, cuando toma forma el circuito neuronal que  permite prestar atención, calmarse y sintonizar los sentimientos. Por tanto, realizar este proceso ayuda a disminuir el estrés, literalmente; puede mejorar las calificaciones (investigadores de la Universidad de California, vieron que cuando se es entrenado se obtienen mejores resultados en la sección de razonamiento verbal del GRE -Revised General Test-, y mejoras en la memoria de trabajo); resulta útil durante la temporada de frío (podrían disminuir los efectos de los resfriados. Investigadores de la Facultad de Medicina y Salud de la Universidad de Wisconsin descubrieron que estaban involucrados en la práctica de infecciones respiratorias agudas); disminuye el riesgo de depresión entre los adolescentes; y ayuda a dormir mejor.

Para conseguir todo esto, los estudiantes pueden realizar distintas técnicas. La básica se basa en sentarse en silencio y concentrarse en la respiración natural o en una palabra o "mantra" que se repite silenciosamente. Permite que los pensamientos entren y salgan sin juzgarlos y vuelva a enfocarse en la respiración o el mantra. Otra de las técnicas es la observación de sensaciones corporales sutiles como un picor u hormigueo sin juicio. Y una tercera técnica es la sensorial, en la que se observa imágenes, sonidos, olores, sabores y toques. Y por último la de las emociones, que permite que estén presentes sin juicio sobre ellas.

Respira por la nariz. Deja que el abdomen se expanda por completo. Ahora, respira por la boca. Nota las sensaciones de cada inhalación y exhalación. Involucra los sentidos completamente. Observa cada vista, toque y sonido para saborear cada sensación y, disfruta del mindfulness.