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Jordi Vilá

Viernes, 21 de Diciembre, 2018

Por Jordi Vilá, Director del Máster en Desarrollo Directivo, Inteligencia Emocional y Coaching del Campus de Barcelona

No sé en vuestro caso, en el mío la verdad es que me apetece que me toque la lotería, la de Navidad o cualquier otra, aunque para ello debo pensar en comprar el boleto, no basta con desear, hay que actuar para tener esa “suerte”.

Esa inyección económica me hace imaginar un mundo de placeres materiales sin apenas obligaciones, ¡se acabó sufrir por llegar a fin de mes!, bienvenidos los viajes a destinos de ensueño, aquel coche, aquella casa, aquella donación o… en fin, aquellos anhelos cuyo único impedimento es el vil metal, incluida la patada a mi explotadora empresa.

“Los sueños, sueños son”, nos dice Segismundo, el personaje de Calderón de la Barca (1635) en su obra la vida es sueño, y de ahí que un alto porcentaje de personas acabe arruinada antes de cinco años tras cobrar un premio de la lotería.

Recuerdo, siendo niño, un premio gordo que cayó en la población barcelonesa de Granollers, con unos resultados un tanto anómalos, puesto que parte de los ganadores se arruinaron, ¿el motivo?, pensar que ese dinero no tenía fin.

Diversos estudios nos hablan del valor que damos a las cosas y el poco valor que otorgamos a lo que ha carecido de esfuerzo, sea de índole que sea, por tanto, aquello que llegó sin esfuerzo, es posible que sin esfuerzo se vaya.

¿Cuál es la relación que tengo con el dinero?, esa es una pregunta que no me suelo hacer y que, de hacérmela, podría traerme interesantes aprendizajes sobre mi mismo.

Estos días en diferentes medios de comunicación escritos, on-line y off-line, han aparecido recetas de sabios con sus consejos sobre lo que hacer si nos toca la lotería, aunque, bueno es aceptarlo, ninguno de ellos ha dejado de trabajar por sus habilidades inversoras, lo cual significa un mensaje para navegantes.

Algo es seguro, van a aparecer amigos debajo de las piedras, personas que apenas nos consideraban, pasarán a tenernos como referentes y, en fin, el interés pasará por delante de cualquier otra consideración.

Llaman al día 22 de diciembre el “día de la salud”, por aquello de “no me ha tocado pero, mientras haya salud…” y no por tópico deja de ser menos cierto, pensemos en todo aquello que somos y tenemos y podremos darnos cuenta de que la lotería nos está tocando cada día, de uno u otro modo.

Como dice el dicho, “lo que llega rápido, rápido se va”, y eso suele ser una Verdad con mayúsculas, especialmente en lo económico. Assí que tener unos valores sólidos a nivel personal (no bursátil) nos va a ayudar a relativizar lo que ocurra el día 22 de diciembre y, si por fortuna te ha tocado, va a haber muchas personas deseosas de aligerarte de esa carga.