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Jueves, 28 de Junio, 2018

Por Mariano Íñigo, profesor del Máster en Dirección de Marketing de EAE Business School

La Comisión Europea ha propuesto la reducción del presupuesto para la Política Agrícola Común (PAC) en el nuevo marco financiero de la Unión Europea (UE) entre 2021 y 2027, lo que puede tener efectos muy negativos para nuestro país.

En un mundo cada vez más industrial y tecnológico, las noticias referentes al entorno rural tienen cada vez menor difusión. Es por ello que el documento firmado hace menos de un mes por los titulares de los Ministerios de Agricultura de Francia, Portugal, Irlanda, Grecia, Finlandia y España, en el que además de lamentar la propuesta de la Comisión Europea para reducir el presupuesto de la PAC se solicita, en sentido justamente opuesto a la proposición que llega desde Bruselas, un aumento del mismo, ha pasado casi desapercibido tanto para los medios de comunicación como para la opinión pública.

Centrándonos exclusivamente en nuestro país, con demasiada frecuencia parece olvidarse la enorme importancia estratégica que la agricultura tiene desde puntos de vista bien diferentes -y a la vez profundamente complementarios- entre si, como son la economía, la tecnología, el medio ambiente y la población.

Aunque tendamos a ignorarlo, España es una potencia agrícola a nivel mundial. No es tan sólo que haya productos en los que lideremos la producción mundial (aceite de oliva) o seamos unos de los principales productores (vino), sino que además nuestra ubicación geográfica y nuestras condiciones climáticas hacen que algunas frutas y hortalizas españolas sean las primeras en llegar a los mercados internacionales, con la prima de precio que ello implica. Por todo ello, el sector agroalimentario es absolutamente estratégico para nuestra economía, ya que es uno de los muy escasos en los que la balanza comercial es netamente positiva, es decir: en el que nuestras importaciones son considerablemente inferiores a nuestras exportaciones.

Desde un punto de vista tecnológico, la generalmente escasa calidad de la mayoría de nuestros suelos junto a las dificultades para poder de disponer de agua suficiente para el desarrollo de los cultivos, han agudizado el ingenio y la inventiva de nuestros agricultores, convirtiéndonos en uno de las mayores referentes tanto en lo que se refiere a la adaptación y selección de las variedades más adecuadas para cada tipo de terreno como en lo referente a las modernas técnicas de regadío.

En cuanto al crucial papel ecológico que la agricultura desempeña en España, la ya mencionada escasez de agua y los largos y periódicos períodos de sequía harían que, de dejarse de cultivar algunos suelos, la desertización avanzase de manera implacable. Al mismo tiempo, la cada vez más restrictiva normativa de la UE en cuanto a la utilización de productos fitosanitarios hacen que nuestros productos sean mucho más respetuosos con el medio ambiente y considerablemente más saludables que los producidos en países extracomunitarios, lo que con demasiada frecuencia es olvidado por los consumidores europeos, quienes parecen primar los precios bajos a la hora de adquirir los productos que van a consumir en detrimento de la seguridad alimentaria.

Por último, no debemos olvidar que el mayor desierto demográfico de Europa se encuentra en nuestro territorio (concretamente en la confluencia de las provincias de Cuenca, Guadalajara, Teruel y Soria), ya que los jóvenes no encuentran incentivos suficientes para permanecer en el entorno rural. El desplazamiento demográfico a favor de las grandes áreas urbanas está llevando a éstas últimas al límite de su capacidad para la prestación de servicios sociales y dotacionales, lo que a medio plazo puede suponer un enorme problema para la calidad de los mismos.

Es por todo lo expuesto que no debemos abandonar a nuestro campo a su suerte. En España, buena parte del futuro de sus siguientes generaciones dependen de ello.