Actualidad

José Ramón Sánchez Galán, profesor de finanzas de EAE Business School

Lunes, 22 de Octubre, 2018

Por José Ramón Sánchez Galán, profesor de finanzas de EAE Business School

Desde la crisis de 2007, el sector bancario no ha parado de transformarse, reestructurando sus fundamentos con procesos nunca vistos. Básicamente el proceso de reconversión se llevó a cabo (al margen del saneamiento de balances), mediante reducciones de tamaño y personal, o a través de movimientos corporativos de concentración, destacando las fusiones, respaldadas por el Banco Central Europeo (BCE).

Actualmente, aunque el número de bancos se ha reducido en 2.275 desde la crisis, aún perviven más de 6.000 entidades. Sin embargo, las perspectivas se muestran a favor de una reducción drástica de ese número en favor de la necesidad de obtener mejores resultados en eficiencia y rentabilidad, conforme a lo que respaldan las principales instituciones, organismos y expertos europeos.

¿A favor? 1) La baja rentabilidad de la banca, en torno al 6.7% frente a un coste de capital del 10%. Esto obstaculiza la posibilidad de ofrecer atractivos dividendos a sus inversores. 2) La necesidad de obtener mayores retornos en productos financieros; un ejemplo: en Europa hay 43 fondos y su cobertura oscila entre el 0,14% y el 3,16% de los depósitos. 3) Es necesario agilizar y flexibilizar las fusiones internacionales, ya que la banca europea carece de la dimensión competitiva en este ámbito, debido a que adolece del tamaño de las entidades estadounidenses o chinas y del carácter transnacional de empresas como Google, Amazon, Facebook o Apple. 4) Los principales bancos están perdiendo peso e importancia en sus respectivos países. Un caso es el paradigmático Commerzbank que dejará en breve de formar parte del DAX 30, el principal índice germano, por baja capitalización y se especula una megafusión con otro gigante del país, el Deutsche Bank. O la buscada unión de Unicredit el primer banco italiano, con otro grande; Société Générale, BBVA o ABN Amro, son las alternativas que se están barajando. 5) Controlar la actividad de bancos sistémicos, es decir, aquellos que tienen capacidad de desestabilizar su mercado doméstico o incluso el internacional, en caso de quiebra. El caso más relevante, Lehman Brothers. En España, Santander o BBVA, son considerados, por tanto, sistémicos.

¿En contra? 1) todavía no está consolidada la implantación homogénea de Basilea III y la creación del Fondo Único de Garantía. 2) El sector sigue reacio a la consolidación internacional que le podría suponer pérdida de identidad y cierta independencia. 3) El Supervisor Único, según el sector, se excede en sus prácticas regulatorias lo cual impide aumentar márgenes rentables. 4) Las expectativas de más subidas paulatinas de tipos que ofrece aumento de márgenes y 5) la digitalización de la banca con la incorporación de nuevas tecnologías ahorradoras de costes y de más amplia cobertura de clientes.

En todo caso, el proceso está en marcha. Y parece inevitable. Las consecuencias financieras parecen claras, pero ¿Y las sociales? Mayor desempleo, menor personalización de la clientela con un descenso de la proximidad de la entidad a sus usuarios o la imposición de la estrategia comercial de la nueva entidad resultante de la fusión son aspectos a tener en cuenta...