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José Ramón Sánchez Galán

Miércoles, 20 de Marzo, 2019

Por José Ramón Sánchez Galán, profesor en el Máster de Dirección y Gestión Financiera de EAE

Sostenibilidad. Un término asociado normalmente a una actuación empresarial que debe ayudar a que el medio ambiente no se vea afectado en gran manera por la presencia de negocios en la zona donde operan o minimice en lo posible las consecuencias de su presencia en el mercado.

Sin embargo, ¿Sostenibilidad implica, entonces, un cambio en la modalidad productiva? O, si una empresa no puede hacerlo disminuir sus posibilidades de margen, ya que ocasiona efectos externos negativos en su entorno, debido a su tipo de explotación. La sostenibilidad forma parte de un espectro más amplio denominado, en su generalidad., como Responsabilidad Social Corporativa, que supone implicar el grado de participación de las empresas hacia aspectos más socialmente éticos, ya sea al exterior (en materia medio ambiental, el caso que nos ocupa, pero también legislativo, normativo, social), como interior (tratando de establecer equilibrios profesionales éticos que coadyuven al buen funcionamiento y gobierno de la empresa).

Compromiso, en definitiva. La sostenibilidad encaja, pues, en esta área. En concreto, en lo que concierne a lo que actualmente suponen las tecnologías verdes de información, es decir, abarca un grupo de técnicas, materiales, métodos e investigaciones en continua evolución, que engloba desde la generación de energía y la producción de alimentos sanos, hasta la creación de limpiadores no contaminantes.

Un objetivo claramente esperanzador, pero que no se traduce en el mercado en resultados positivos. ¿Razones? En contra: 1) se trata de empresas cuya producción no es conocida ampliamente por el mercado, dejando la idea de actividades más de tipo “altruista” que “materialista”, 2) no se detecta una gran profusión de empresas en este sector, debido a su comparativa escasa historia, 3) al tratarse de un tipo de tecnología diferenciada, los altos costes iniciales, en un mercado todavía poco receptivo, alarga temporalmente los márgenes esperados, 4) el fuerte arraigo de las todavía energía tradicionales que origina aun reticencias en el cambio de los patrones de consumo de los particulares.

Sin embargo, a favor: 1) la tendencia hacia una mayor concienciación “verde” es cada vez más incipiente, 2) prueba de ello, es la evolución de la gama productiva de sectores puntales hacia productos sostenibles; un caso representativo, podría ser el automovilístico, con coches híbridos actuales, pero con perspectivas de una modificación completa de las flotas correspondientes hacia energías menos contaminantes, 3) las energía alternativas, también van lentamente calando en el consumidor; empresas de gran dimensión ya llevan tiempo enfocando sus servicios hacia otro tipo de energías, ya sea eólica (Gamesa o Acciona), solar (Abengoa) u otras con diferentes motivos pero focalizadas en la sostenibilidad como Repsol, Iberdrola o Endesa, por nombrar algunas.

En consecuencia, la sostenibilidad es el futuro. Queda por ver si más pronto o no de lo previsto, pero futuro previsto, al fin y al cabo. De ahí que considerar empresas que, o bien destina total o parcialmente su producción hacia ese futuro, merece la pena considerarlo, tanto desde la perspectiva meramente bursátil o financiera, como desde la propia sociedad económica en la cual, en el fondo, todos formamos parte en aras de un mundo mejor…y más sostenible.