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Esther González Arnedo

Viernes, 8 de Marzo, 2019

Por: Esther González Arnedo profesora del Máster en Recursos Humanos

En 1959, cuando Margaret Thatcher se convirtió en la primera parlamentaria del partido tory en Reino Unido descubrió que no existían baños para diputadas en el Parlamento británico. Tenía que usar el baño existente en el cuarto de plancha del personal de servicio, que sí eran mujeres. Este dato tiene un gran valor simbólico. Esa era la situación de la mujer  trabajadora en los años 50 y 60: los hombres hacían cosas importantes, las mujeres "ayudaban" en tareas de menor nivel. Su lugar ( y su cuarto de baño) era diferente y a menor nivel  ¿Han cambiado realmente las cosas desde entonces?  

Incluso en el mundo más avanzado y civilizado, y en este año 2019, las mujeres ganan menos que los hombres, tienen menos oportunidades de promoción y un mayor riesgo de precariedad laboral. Este dato no es una opinión, lo indica la  International Labor Organization en su estudio 2018, y aunque  hace referencia a estudios mundiales, es bastante revelador. La injusticia está ahí, nos guste o no.  Conviene tener en cuenta que a esta injusticia contribuyen por igual hombres y mujeres. El que una mujer reciba menos promoción, cobre menos que un hombre y tenga mas riesgo de ver su trabajo precarizado  es consecuencia de valores y sesgos compartidos por toda la sociedad.

Por otra parte, los puestos directivos se han asociado tradicionalmente con altísimo nivel de responsabilidad y dedicación, lo que se reflejaba en muchas horas de permanencia y entrega a la empresa: largos viajes; infinitas horas en reuniones y permanencia en la oficina  ¿ Realmente estos valores siguen teniendo vigencia en un mundo hiperconectado, donde buena parte de los trabajos pueden realizarse con un móvil y un portátil y donde un proyecto que implica a doscientos trabajadores en 12 países puede supervisarse on line con la metodología adecuada? Las nuevas generaciones apuestan decididamente por el cuidado compartido de sus hijos y valoran como fundamental la flexibilidad y el equilibrio trabajo- vida personal, ¿ Debe seguir siendo el arquetipo de trabajador de alto potencial alguien que trabaja 18 horas al día 7 siete días a la semana? Si la respuesta es que sí, tendremos que aceptar que muchas mas mujeres que hombres abandonen la carrera hacia el éxito.

Se dice que las leyes surgen cuando la sociedad que está detrás de ellas las impulsa. En este sentido, todas las medidas que contribuyan a equilibrar la balanza ( permisos de paternidad, políticas de conciliación, uso racional de cuotas y paridad, etc)  reflejan una sociedad cada vez mas concienciada, pero falta mucho por hacer.   Es suficiente echar un vistazo a los porcentajes de hombres y mujeres en los diferentes niveles de todas las organizaciones públicas y privadas para ver que el desequilibrio continua. Y no olvidemos que ninguna sociedad puede ser completamente competitiva y exitosa si relega a la mitad de sus trabajadores por una cuestión  que nada tiene que ver con su desempeño, profesionalidad o dedicación y sí con una cuestión de género.   Esa grieta en el techo de cristal debe convertirse en una gran ventana, o de contrario, ese techo acabará fracturándose y cayendo sobre todos.