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Gaietà García, profesor del Master en Dirección de Marketing de EAE Business School

Miércoles, 5 de Septiembre, 2018

Por Gaietà García, profesor del Master en Dirección de Marketing de EAE Business School

Muchos de los trabajadores no desconectan del todo de sus responsabilidades laborales durante los períodos vacacionales. Las TICs[1] permiten una conexión permanente entre personas y organizaciones. Estas innovaciones comunicativas tienen indudables ventajas pero, también, determinados riesgos sobre la salud física y mental de los ‘teletrabajadores’. Gaeta, Manacorda, & Rizzo (1995), en su Introducción, afirman que «los elementos que caracterizan el teletrabajo son cinco: el trabajo a distancia, el ordenador o terminal, la existencia de una red de telecomunicaciones que permita el contacto entre la sede central y la descentralizada, la modificación de la estructura organizativa tradicional y, como exclusión de los elementos anteriores, una mayor flexibilidad en la distribución, uso y gestión del trabajo».

 

La nueva organización combina flexibilidad numérica y flexibilidad funcional. La relación laboral clásica da paso a una nueva concepción del intercambio de valor entre empleado y empleador. Será importante el autoempleo para aquellos oficios de gran carga personal y de uso intensivo del conocimiento. Se reducirá el número de empleos a tiempo completo y de duración indefinida en la misma organización. Los conceptos conciliación personal y familiar, auto-verificación personal, seguridad psicológica y libertad de horario serán preeminentes. Trabajo, puesto de trabajo y trabajador compartirán ubicación en el tiempo y el espacio.

Debido al uso masivo de las TICs, la tendencia predecible es que el número de personas que adopten formas flexibles de empleo se incrementará en el futuro inmediato. El trabajo flexible a distancia conlleva diferentes oportunidades positivas y riesgos negativos potenciales, que se manifestarán en uno u otro sentido y con diferente nivel de severidad en función de las circunstancias específicas de cada caso.

Las oportunidades del trabajo flexible se centran, principalmente, en una mejor autonomía de la organización del trabajo, la autogestión del tiempo laboral y personal, mayores niveles de productividad, facilidad de implantación de sistemas organizativos en red y menor carga de estrés relacionada con el trabajo. Los riesgos del trabajo flexible son determinados, principalmente, por el desapego social y alienación, los desequilibrios disruptivos individuales, familiares, organizacionales y sociales y el peligro de la polarización extrema social y profesional.

Algunos individuos padecen el desequilibrio disruptivo personal, puesto que no tienen la capacidad de discernir la frontera entre privacidad y ocupación. En lugar de ir el sujeto al trabajo, es el trabajo el que viene al sujeto; con la situación límite de identidad entre trabajador y trabajo. En este escenario, disponer de vida social o familiar es una tarea casi imposible, si el compromiso principal que toma el individuo es consigo mismo y no distingue entre horas laborales y no laborales (vacaciones). Como vivimos en un mundo competitivo en el que el medio de promoción profesional tiene como plataforma un trabajo flexible, existe un gran riesgo que prevalezca el individuo sobre la pareja, la familia y los amigos, con las consecuencias graves sobre la falta de socialización y los desequilibrios mentales derivados que ello conlleva.

Gaeta, L., Manacorda, P. M., & Rizzo, R. (1995). Telelavoro: L’ufficio a distanza. Roma, Italy: Ediesse.


[1] TICs. Tecnologías de la información y la comunicación