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Rafa Bernardo, periodista de Cadena Ser

Lunes, 16 de Julio, 2018

Por: Rafa Bernardo, periodista de Cadena Ser

La agenda política nos invita a reflexionar sobre uno de los asuntos que no suelen estar en las preocupaciones inmediatas del emprendedor, siempre focalizado en los problemas del día a día: ¿Qué pasará el día de mañana, cuando llegue a la edad de jubilación, o -si fracasa el proyecto- cuando me quede en el paro? El Congreso y el Gobierno dicen estar decididos a acometer reformas en el sistema de pensiones con cierta urgencia para apuntalarlo, y dos de los asuntos sobre la mesa alcanzan de lleno a los emprendedores, encuadrados en el régimen de autónomos: la cotización según los ingresos reales, y la reformulación de la prestación por cese de actividad para hacerla eficaz.

Los vientos soplan a favor de que desaparezca la característica más idiosincrática del Régimen de Autónomos, la posibilidad de elegir la base de cotización en vez de depender de un indicador cierto de ingresos reales (el salario, para los asalariados). El Gobierno ha dicho claramente que quiere acometer este cambio, y las asociaciones del colectivo están planteándose formas de hacerlo. El objetivo es evitar que -como sucede ahora- más del 80% de los autónomos cotice por la base mínima, algo que resta ingresos al sistema de pensiones, distorsiona la competencia y, aunque son ingresos extra para los autónomos cuando están en activo, es una opción que genera pensiones exiguas: casi la mitad de las que cobran los asalariados.

En cuanto al cese de actividad (la prestación puesta en marcha en 2010 y que se conoce popularmente como “el paro de los autónomos”), el consenso general es que es un fracaso: pocos autónomos pagan por ella (algo más de medio millón sobre un total de más de tres millones de autónomos) y menos aún llegan a cobrarla: las dificultades para probar cuándo se ha “cerrado la persiana” en negocios que ni cierran, ni tienen persianas, hacen que sólo un 0,3% de los cotizantes se hayan beneficiado de la ayuda. El propio Secretario de Estado de Seguridad Social decía hace poco que, tal y como está configurada, el cese de actividad se parece más a una estafa que a una prestación seria. Así, con toda probabilidad, se modificará para asemejarla más a las ayudas para el desempleo que cobran los asalariados.

Todo apunta por tanto a que el régimen en el que cotizan los emprendedores va a sufrir cambios en dos sentidos: el de la eliminación de los aspectos voluntarios (elección de la propia base de cotización, elección de si participar o no en un sistema de protección contra el paro), y el de un mayor ajuste a la realidad (correlación entre los ingresos propios y las aportaciones a la Seguridad Social). La tecnología hace posible, cruzando datos con Hacienda, saber cuánto gana cada uno, y también facilita el pago con medios telemáticos más flexibles, así que –puesto que hay voluntad política y posibilidades técnicas- parece que esta vez los cambios van en serio.

¿Buenas o malas noticias? Buenas, por cuanto ayudan al sistema de pensiones y mejoran la precisión de las medidas tributarias, aunque quizá convenga abrir huecos de flexibilidad que permitan a los proyectos nacientes consolidarse. Se está pensando en articular escalas progresivas que den más aire a los autónomos con menos ingresos; quizá el colectivo esté a tiempo de negociar posibilidades similares para los emprendimientos de carácter social, o los que se orienten a sectores estratégicos.