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Noelia García, periodista de El Economista

Lunes, 25 de Febrero, 2019

Por: Noelia García, periodista de El Economista

Los millenials se han incorporado a las empresas y la llamada Generación Z  -los nacidos entre 1994 y 2009- está ya de camino. La mejor generación formada de la historia (conocimientos financieros, tecnología, formación en idiomas y habilidades…) está entre los que fueron protagonistas del cambio de sistemas educativos como la LOGSE o la LOE. La universalización en el acceso al sistema educativo ha ido en aumento y España es el país de la OCDE que más ha aumentado su nivel de egresados de una generación a otra. No obstante, los que tienen estudios básicos, porque no los terminaron como consecuencia de la crisis económica (muchos de los jóvenes no terminaron la ESO porque se vieron en la encrucijada de lanzarse al mercado laboral), tendrán dificultades para encontrar un empleo en los próximos cinco años. Según el estudio “Jóvenes y empleo: escenarios de futuro”, del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud de la FAD, la brecha social y las diferencias entre personas jóvenes aumentará en el próximo quinquenio porque el mercado laboral discriminará cada vez más entre jóvenes con o sin experiencia cualificada.

Además, los directores de Recursos Humanos de grandes empresas consultados respaldan esta percepción. El 76 por ciento afirma que apenas se contratará a jóvenes con estudios primarios, el 59 por ciento piensa lo mismo de aquellos que sólo cuentan con formación profesional media o básica, y un 88 por ciento dice que no se contratará a jóvenes sin estudios.

La economía española creará 379.000 empleos netos este año, lo que supondrá un incremento del 2 por ciento frente a los 480.000 puestos de trabajo que generó en 2018, según las previsiones del Centro de Predicción Económica (Ceprede). Sin embargo, el paro aumentó en enero  un 2,6 por ciento respecto al mes anterior -83.464 desempleados más- hasta alcanzar el total de 3.285.761  parados registrados en las oficinas de los servicios públicos de empleo. El gobierno lanzó en noviembre un plan para aquellos jóvenes desempleados que aún están en el aire. El objetivo era reducir el alto nivel de desempleo de los menores de 25 años, para lo que incluían 50 medidas agrupadas en seis ejes: Orientación, Formación, Oportunidades de Empleo, Igualdad de oportunidades en el acceso al empleo, Emprendimiento y Mejora del marco institucional.

Aunque el mercado laboral español tiene su propia idiosincrasia, los profesionales de Recursos Humanos ya no solo buscan perfiles cualificados, con idiomas, habilidades sociales y ciertas aptitudes como presencia, trabajo en equipo, empatía, asertividad, etc. Y es que España, tristemente, contaba en el tercer trimestre de 2018 casi con el 39% de los jóvenes entre 16 y 29 años sin el título de la ESO. Además, el mercado de trabajo siempre penalizará con los empleos de peor calidad a la población juvenil por no tener experiencia laboral. La temporalidad seguirá siendo la principal vía de acceso laboral y aumentará el número de contratos a tiempo parcial aplicados a la población juvenil. Esto significa que se precariza el trabajo al reducirse el horario y el sueldo. Asimismo, los jóvenes cobran la mitad del sueldo que los mayores de esa edad debido a que sus condiciones laborales son más precarias. Es la pescadilla que se muerde la cola.

Hoy las capacidades más transversales son las que, en principio, más se valoran, mientras que los conocimientos adquiridos y algunas otras cuestiones más vinculadas por el enfoque tradicional de la universidad se valoran un poco menos. Las universidades tienen que mostrar otras habilidades y capacidades ajenas a las memorísticas. La transformación digital supone una presión de reducción de costes, que se ha traducido en una bajada de precios y en un aumento de la oferta, por lo que las universidades privadas, que se adaptan más rápido al mercado porque no dependen de la burocracia de lo público, son más atractivas tanto para alumnos como para las grandes empresas.