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Miércoles, 12 de Diciembre, 2018

Por: Agustí Sala, Redactor jefe de Economía de El Periódico de Catalunya

Los salarios forman parte del debate en las últimas semanas. Después de que el verano pasado las patronales CEOE y CEPYME y los sindicatos UGT y CCOO firmaran el IV Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva (AENC) 2018-2020, que incluye incorporar en los convenios un salario mínimo de 1.000 euros mensuales en 14 pagas, fue el Gobierno el que anunció un aumento del salario mínimo interprofesional (SMI) hasta los 900 euros.

El alza prevista por el Ejecutivo de Pedro Sánchez es mucho más ambiciosa que la acordada por el anterior Gobierno del PP, los sindicatos y las patronales, que preveía llegar a 850 euros en 2020. Aunque pocos discuten la necesidad de unas mayores retribuciones para los trabajadores, algunos especialistas aseguran que el aumento de esta referencia salarial reducirá el empleo, en especial en los segmentos con menor preparación.

Pero la verdad es que la parte que suponen los salarios en el conjunto de la economía se ha ido reduciendo en los últimos años, acentuada por la crisis. De hecho, en 2017 significó el 47,29%, el nivel más bajo con respecto al conjunto de la riqueza en los últimos 30 años, mientras que los beneficios empresariales y las rentas del capital han recuperado terreno.

En los últimos años se ha agravado la situación como consecuencia de la recesión. En el periodo entre 2008, cuando estalló la crisis, hasta el ejercicio pasado, las remuneraciones de los asalariados acumularon un descenso de casi el 1,7%, hasta los 550.272 millones de euros. Aún se encuentra lejos del nivel récord de 559.777 millones de hace una década, cuando las nóminas suponían más del 50% de la riqueza. Por su parte, durante el mismo periodo, los beneficios empresariales y los interesesdividendos y rentas del capital acumularon un aumento del 6,12%, hasta los 493.627 millones de euros, unos valores que no se lograron ni siquiera antes de que estallara la crisis.

Los salarios, en especial los más bajos, apenas han percibido la recuperación económica en España ya que han decrecido un 4%, en la última década. En contraste, las remuneraciones de los directivos de las empresas del Ibex 35 alcanzaban cotas astronómicas. En 2017, el descenso de los salarios fue del 1,8%, según un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en el que se ve que la productividad, en cambio, ha crecido.

La productividad crece en España y eso supone que está en condiciones de elevar los salarios", según el director de la Oficina de la OIT en España, Joaquín Nieto. El aumento del salario mínimo "corregiría esa situación de desproporción entre productividad y aumento de salarios, permitiría corregir la brecha de género y aliviaría la situación de muchos hogares", según el representante de esta organización.

El salario nominal en España entre 2016 y 2017 aumentó solo en 2 euros, al pasar de 1.898 en promedio al mes a 1900 euros, según el mismo estudio. Pero al tener en cuenta el nivel de vida, el saldo final es una pérdida del 1,8%.

España es el único país, junto con Alemania y Reino Unido, en el que los salarios cayeron en el último año. No obstante, a nivel mundial el crecimiento en 2017 se situó en un 1,8%, el más bajo desde hace diez años.

En cuestión de género, España se sitúa en la parte media alta de la tabla (décima posición) de los 30 países con mayores ingresos, por detrás de Bélgica, el país donde la brecha es menor (6%) y por delante de Corea, el país con la mayor brecha (28%). No obstante, las mujeres en España todavía cobran un 15% menos por hora que los hombres y "sin un motivo aparente", según el informe. Una brecha que va desde el 10% en los niveles más bajos de la distribución –donde hay más mujeres trabajando- hasta el 18% en los niveles más altos, en los que la diferencia de mujeres y hombres trabajando se sitúa en un 20% y 80% respectivamente.

Lo que es evidente es que si la apuesta es por una economía de alto valor añadido, no ‘low cost’, las remuneraciones medias deben subir. Es una forma, a la vez, de alimentar de forma suficiente las arcas de la Seguridad Social para pagar unas pensiones dignas.

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