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Rafael Bernardo, periodista de Cadena Ser.

Martes, 4 de Diciembre, 2018

Por: Rafael Bernardo, periodista de Cadena Ser.

La maternidad es uno de los factores clave que explican la brecha salarial. Lo acaba de ilustrar con datos la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en su último Informe Mundial sobre Salarios que, en su versión española, va acompañado de una nota informativa que dice así: “[en España] la participación [en el mercado laboral] de la mujer comienza a disminuir– y se despega de la del hombre- justo en la edad cuando las mujeres comienzan a tener hijos (en torno a 30 años), es decir, la maternidad penaliza la participación y los salarios de las mujeres y no solo en el momento de tener familia, sino que esto se alarga a través del ciclo vital de las mujeres hasta entrada la edad de jubilación”.

Este fenómeno tiene alcance mundial: según la encuesta Hacia un futuro mejor para las mujeres en el trabajo: la opinión de las mujeres y de los hombres, elaborada por Gallup con casi 149.000 entrevistas a adultos de 142 países, la conciliación de la vida familiar y laboral es citada como el principal reto al que se enfrentan las mujeres trabajadoras en el conjunto del planeta, y en el análisis de cada una de las áreas geopolíticas del globo (desde Europa Occidental al África Subsahariana, desde América del Norte hasta Asia Central) siempre figura como el primer o el segundo problema en una lista que incluye –entre otros- la desigualdad salarial, la falta de empleos bien remunerados o el trato desigual.

También hay estudios que resaltan la importancia de la conciliación para las emprendedoras en particular: en el reciente Observatorio publicado por la comunidad de mujeres emprendedoras Extraordinaria a partir de cerca de mil entrevistas en el colectivo, destaca el dato de que el 40% de las emprendedoras que han sido madres afirman que han puesto en marcha su propio negocio para conciliar, y eso que –a juzgar por los propios datos de la encuesta- el emprendimiento exige mucha dedicación (más de la mitad de las consultadas asegura trabajar más de 40 horas a la semana) y proporciona pocos recursos (sólo el 34% logra vivir de su proyecto como única fuente de ingresos).

Todos los datos apuntan por tanto a la existencia de un problema de dimensiones enormes y de alcance difícilmente superable, puesto que hablamos de una situación que implica desigualdad, potencial irrealizado y gasto de esfuerzo y talento que debería encontrar un cauce más directo para alcanzar a la sociedad y actualizar el proyecto de vida de centenares de miles de personas. Las soluciones tienen que implicar a todos los actores de la sociedad e ir más allá de lo meramente formal: como la propia OIT señala, a las leyes antidiscriminación ya existentes, que no han logrado corregir la desigualdad a un ritmo aceptable, hay que añadirles propiedades que las hagan eficaces; y pone como ejemplo la transparencia salarial que se exige a las grandes empresas alemanas, que han de facilitar datos para constatar si están amparando prácticas salariales discriminatorias.

De momento, en el último acuerdo alcanzado por las organizaciones de autónomos con el Gobierno para mejorar la protección social de los trabajadores por cuenta propia, se incluye una única medida orientada a la conciliación: una cotización reducida a la Seguridad Social (una “tarifa plana”) de 60 euros al mes durante 12 meses para las autónomas que la soliciten en los 24 meses posteriores a la prestación de baja por maternidad. La tarea que queda por delante es inmensa.