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La competitividad-precio de la economía española frente a la OCDE mejora

Las ganancias en competitividad obtenidas pueden estar dependiendo en exceso en un euro relativamente débil

Jueves, 8 de Junio, 2017

Por Pablo Contreras, profesor del Máster en Dirección de Marketing y Gestión Comercial de EAE Business School

La crisis económica iniciada en el 2007 sometió a las empresas a un duro aprendizaje en el terreno de la competitividad. Los ajustes que se han realizado a todos los niveles empezaron a dar sus frutos hace unos años, con un decidido aumento de la actividad exportadora de las empresas españolas que se ha traducido en importantes mejoras en la balanza comercial. De hecho, la relación entre exportaciones e importaciones, la denominada tasa de cobertura, pasó en España de ser del 65% en el año del 2006 al 93% en el año 2016. Ello es un claro indicador de la mejora en la competitividad de las empresas españolas que han hecho un destacable trabajo en la contención de sus costes.

Sectores como el de la automoción, el agroalimentario, el textil o los servicios son algunos de los que especialmente han protagonizado este tirón de la competitividad reflejado en la buena trayectoria indicada anteriormente.

La competitividad es consecuencia de dos efectos: la evolución de los índices de precios en relación con los países de la zona de referencia y la de los tipos de cambio de sus monedas.

Así, podemos afirmar que la economía española experimentó un avance en su competitividad durante 2016, basado primordialmente en la mejoría de sus precios relativos frente a los países de la zona euro, un dato importante porque estos países suponen el 50% de nuestras exportaciones. Diferente fue el comportamiento frente los países de la UE que están fuera de la zona del euro (especialmente Reino Unido por la caída de la libra), y el resto de países de la OCDE, debido al efecto de un euro relativamente fuerte.

Sin embargo, el año 2017 una moderada inflación ha hecho acto de aparición en la economía española haciendo que se haya perdido cierta competitividad frente a los países de la zona euro. Es una consecuencia lógica, en una economía como la española que está creciendo a tasas del 3% en tasa interanual frente a una media en la zona euro del 1,7%.

Así lo confirman los datos publicados recientemente por el Ministerio de Economía, mediante el Índice de Tendencia de la Competitividad (ITC), indicador que recoge la evolución en la variación de los precios en la economía española ajustados por la variación en los tipos de cambio. De acuerdo con el ITC, las empresas españolas son, en 2017, un poco menos competitivas frente a los países de la zona, pero han ganado competitividad frente a las empresas de la OCDE, con una evolución del mencionado indicador del -0,3%, debido a la relativa debilidad del euro en lo que llevamos de año.

Estos datos son reveladores de un posible problema de competitividad que puede estar resurgiendo en la economía española. Tras unos años de duros ajustes en precios y especialmente en salarios, las ganancias en competitividad obtenidas pueden estar dependiendo en exceso en un euro relativamente débil. No es aconsejable fiar a los tipos de cambio la competitividad exterior, máxime cuando, como en nuestro caso, dependemos en gran medida de las exportaciones a países como Francia, Alemania e Italia, en los que el factor cambiario no es relevante.

Conviene no perder de vista en una economía abierta y globalizada, pese a las ciertas corrientes proteccionistas que están emergiendo, la necesidad de mantener unas políticas de precios que ayuden a dar salida a los productos españoles. Las mejoras en productividad, que deben estar en la base de un crecimiento económico sano, debe ser el eje directriz de las decisiones de las empresas, cara a sostener y mejorar sus posiciones en los mercados internacionales. La calidad, la intensificación de la presencia del factor conocimiento en nuestros productos, las mejoras en las infraestructuras, la inversión en capital humano, la innovación, deben estar presentes en las dinámicas que dirijan la necesaria transformación de nuestro modelo productivo. No es conveniente que el crecimiento se base en una economía de salarios bajos y baja productividad.

El aprendizaje durante los años de la crisis económica ha sido duro y difícil. Mejor no dejarlo caer en saco roto

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