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Martes, 17 de Abril, 2018

Es uno de los conceptos que más suena últimamente. Y no parece que vaya a perder protagonismo. Capaz de revolucionar la sinergia de una empresa, de cambiar las prioridades y de justificar una filosofía. Es creativa y tiene la capacidad de generar valor añadido para el cliente y posicionar a la empresa en el mercado, marcando distancias de sus competidoras.

Lo que no tiene es vida propia porque la innovación, el concepto que tratamos en este artículo, no es capaz de salir de la nada si no hay detrás alguien que decide concederle la oportunidad para hacerse realidad.  

El escenario actual, en el que la globalización está más presente que nunca, las barreras han desaparecido. Dar un paso más allá es una prioridad que nos acercará a los objetivos. La reducción de barreras físicas, culturales y tecnológicas han sido una ventaja pero también han aumentado el nivel de competitividad.  Las empresas, para diferenciarse en un mercado cada vez más exigente, solo pueden añadir más innovación a sus recetas.

El proceso no siempre es igual y depende del caso de cada empresa pero actualmente, la innovación siempre se detiene en estas tres estaciones.

  • Nuevos productos o procesos. En esta estación, el know-how es el motor que los engendra. Este concepto que alude a la manera de hacer de la empresa, recoge los recursos y herramientas para conseguir la producción. La experiencia, los intentos e incluso los errores definen el know-how de una empresa.
  • La tecnología. Se convierte en una estación especial en la que el viaje se detendrá durante más tiempo, por la importancia económica y comercial que implica. Y es que al final, la innovación que mejora nuestro día a día es la que acaba imponiéndose por hacer las cosas más fáciles y mejores. La tecnología es el camino más directo.
  • Por último, el conocimiento y/o difusión. Porque de nada sirve apostar por la innovación a través de nuevos productos y formas de trabajo si finalmente, la población no tiene acceso a ella.

Actualmente, si hay un espíritu que no duda en iniciar este viaje es el del  emprendimiento, que añade valor a través de las actividades empresariales y por medio de innovaciones que optimizan los recursos, los procesos, las industrias y oportunidades, y que a su vez crean valor empresarial, así como una mayor riqueza social e individual.

El emprendimiento es una forma de pensar, de hacer y de ser, con especial atención en el trabajo en equipo y la resolución de problemas con el fin de crear un nuevo valor.

Así pues, la innovación deberá pasar una última evaluación ante la sociedad, que será, finalmente, la que decida si el producto que ha saltado al mercado, marca un antes y un después en el sector. Como si de una sentencia final se tratara. Para saberlo, basta con hacer una sola pregunta: ¿qué palabra define este nuevo producto? Si la respuesta es valor, la innovación habrá alcanzado los tres niveles. Valor para la marca y valor para todas y cada una de las personas que también forman parte de este juego que es la innovación.