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Juan Carlos Higueras, profesor del área de Estrategia y Finanzas en EAE Business School

Lunes, 2 de Abril, 2018

Tradicionalmente, la economía española ha presentado déficit comercial en sus actividades de comercio internacional, síntoma de falta de competitividad y de la fuerte dependencia del precio de los productos energéticos, como el petróleo. Sin embargo, desde hace unos años, bajo el paraguas de los bajos tipos de interés, la baja inflación y la contención salarial, España se está volviendo más competitiva respecto de otros países, lo que impulsa la mejora de nuestro comercio exterior.

El año 2017 ha cerrado con buenos indicadores macroeconómicos para la economía española que, aparte de un PIB que ha crecido un 3,1% por encima de la media de la Unión Europea que lo hizo un 2,4%, también ha batido un record en los niveles de exportaciones, con un crecimiento del 8,9% en términos nominales, consecuencia del buen momento que vive la economía española, la competitividad de nuestras empresas y la mejora del comercio internacional.

De acuerdo con los datos del Ministerio de Economía, Industria y Competitividad, España ha realizado exportaciones por valor de 277.126 millones de euros y unas importaciones de 301.870 millones, lo que se traduce en un aumento del 10,5% respecto de 2016. Por tanto, el déficit de la balanza comercial se situó en 24.744 millones de euros. Si se mide en términos reales, eliminando el efecto de la subida de precios, el crecimiento de exportaciones fue del 8,2% y las importaciones del 5,5%, no sólo por el efecto precio sino por la evolución favorable del tipo de cambio del euro frente al dólar. Estos datos avalan el papel relevante que juega el comercio exterior para la economía de nuestro país.

El incremento en las importaciones refleja la clara recuperación de la demanda interna, la dependencia de España del crudo y el aumento del precio del mismo, junto a la mayor elasticidad que tienen las importaciones (vía demanda interna) a la renta frente a las exportaciones. En las exportaciones, destaca el buen comportamiento del sector turístico, que como suele ser habitual, mejorando en 40.570 millones de euros el saldo de la balanza de pagos que cerró el año con un importe total de 21.704 millones de euros.

España ha sido el país de la Unión Europea, exceptuando el Reino Unido (13,4%) que más crecimiento ha tenido en sus exportaciones frente a la media de la zona euro que creció un 7,2% y de la UE28 que lo hizo en un 7,4%. Algunas economías como Alemania (6,3%), Francia (4,5%) o Italia (7,4%) tuvieron un comportamiento positivo, aunque inferior al español.

En cuanto a la situación del comercio exterior español respecto de los países que son considerado un mercado prioritario (PIDM), las exportaciones a China crecieron un 24,4% por un valor de 6.258 millones de €, seguidas de Australia con un 21,4% y Rusia con un 20,9%. El país con el que lleva a cabo un mayor volumen de exportaciones sigue siendo Estados Unidos que en 2017 alcanzaron los 12.461 millones de €, un 10% más que en el ejercicio anterior.

Si se mide la cuota que España representa en el comercio internacional de bienes, medido por el porcentaje que suponen su actividad comercial sobre el total de exportaciones mundiales de mercancías, España se coloca en la posición 16 frente a China, Estados Unidos o Alemania que lideran este ranking. No obstante, si se analiza el mismo dato respecto de la exportación de servicios, España mejora significativamente y se coloca en la posición 11, lo que muestra la clara tendencia de nuestra economía hacia la conversión en país de servicios.

Igualmente, por sectores de actividad, los que mejor resultados han presentado, en términos de exportaciones, han sido los bienes de equipo con un aumento del 9,2%, las manufacturas para consumo con un crecimiento del 9,7%, los productos químicos con un 7,8% y el sector de la alimentación, bebidas y tabaco con un crecimiento del 6,3%. Todos ellos suman más del 60% del total de las exportaciones del año 2017, lo que pone de manifiesto el perfil de actividades empresariales que son objeto de comercio exterior.

La previsión para el año 2018 es que estos datos sigan su senda de crecimiento, si bien queda aún camino por recorrer. Para que sea posible una mejora sostenida en el tiempo, ante la imposibilidad de acudir a las políticas monetarias del pasado, basadas en la devaluación de la moneda, es necesaria una mejora de la competitividad de nuestras empresas que, en la medida en que mejoren los salarios, tendrán que ir acompañadas por innovaciones tecnológicas que permitan reducir los costes de producción

España deberá aprovechar el dinamismo que ofrecen las economías de países PIDM con los que está creciendo sus exportaciones y afianzar su actividad comercial para apoyar futuros crecimientos. Sin embargo, existen factores internos que pueden limitar este tipo de estrategias, algunos como la aversión al riesgo que muestran muchos empresarios hacia la exportación, los problemas del idioma que pueden frenar los deseos de otros o el miedo a las incertidumbres económicas y/o políticas que presentan algunos de los citados países y que no favorece un conocimiento más profundo de las características y estructura de su demanda interna.

Por último, a la vista de los principales sectores de actividad que acumulan el grueso de las exportaciones españolas, sería deseable un cambio de mentalidad en el tejido empresarial español y comenzar a apostar por comercializar en el exterior productos o servicios con mayor valor añadido, algo para lo que hay probada capacidad en nuestro país pero que no terminamos de proyectar hacia el exterior.