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Miércoles, 13 de Febrero, 2019

El líder de líderes es algo que actualmente escasea, puesto que dirigir no es lo mismo que liderar. Saber llevar y tratar a las personas es todo un arte, nada sencillo, pues faltan líderes. Estas son algunas de las ideas que el profesor de EAE, Santiago Ávila, explica en su Programa Enfocado sobre “Cómo desarrollar tu liderazgo y empoderar a tu equipo”, impartido en el campus de Barcelona de EAE Business School.

Para Ávila hay dos tipos de empresas y, por tanto, de líderes: las que se orientan a los resultados usando a las personas y las que se dirigen al desarrollo de las personas y como consecuencia de ello, a los resultados. Para Ávila el líder no es un jefe ni alguien que dirige “pues es algo que escasea, ya que más del 90% de los directivos no saben liderar”.

Durante su exposición, ha mencionado un concepto importante, la competencia, que se demuestra con el liderazgo. Concretamente se refiere a la característica subyacente de un individuo que está causalmente relacionada a un estándar de efectividad y/o con un desempeño superior en un trabajo o situación. La competencia engloba las motivaciones, los rasgos, el concepto de sí mismo, los conocimientos y las destrezas.

El profesor de comportamiento humano en EAE ha hecho un repaso de la historia del liderazgo apuntando que, al principio, sobre el 1948, se creía que el líder nacía como tal, mientras que, a partir del año 1950, se estudió el comportamiento de éste llegando a la conclusión de que el líder se hace. Para Santiago Ávila, el líder, en todo caso, nace y se hace, y se va desarrollando por el comportamiento. Más tarde surgiría la Teoría de la Contingencia en la que el estilo de liderazgo es adecuado cuando se corresponde con la situación. Posteriormente, se habló de un Liderazgo Situacional con estilos de dirección en función de los niveles de competencia  de sus subordinados (se centra en ellos). Mientras que en la Teoría del intercambio líder-miembro, el líder clasifica a sus seguidores en In group Out group, es decir, el centro se ha desplazado del líder (quien escoge) al seguidor (sus características) y sitúa al liderazgo en una relación de influencia mutua entre líder y colaborador.

Por otro lado, analizando los diversos tipos de líderes, encontramos al transaccional que se preocupa exclusivamente de los resultados y sólo negocia intercambios extrínsecos; y el transformador, que además de contemplar los resultados, alinea el interés del colaborador con la organización. El profesor apunta, también, que el líder transformacional es el que tiene tolerancia psicológica, considera a los demás individualmente, estimula intelectualmente para que uno pueda influir… mientras que el líder transcendente, además de contemplar los resultados, “alinea el interés del colaborador con la organización; crea una visión y condiciones atractivas para el colaborador y se preocupa porque las personas sean más sabias, libres, justas…”, explica Ávila.

Lo que está claro es que hay un cambio de roles en el liderazgo y se pasa del transaccional al transformador: “de estratega a visionario, de comandante a narrador de historias”, aclara. Como consejos, el profesor ha apuntado que debemos definir un propósito o meta, reflexionar sobre nuestros principios, fortalezas y debilidades, pensar a qué grupos pertenecemos -en qué soy ejemplo, en qué influyo, a quién puedo inspirar- y establezcer un plan de acción, con quién te comprometes y cómo lo vas a conseguir. Como conclusión, en cuestión de liderazgo es importante “experimentar el valor de otra persona; inducirla a encontrar sentido a su vida puede dar sentido a la nuestra”. También habló del sentido último de la vida: el suprasentido.