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Susana Carrizosa, periodista colaboradora de El País

Miércoles, 25 de Abril, 2018

Por: Susana Carrizosa, periodista colaboradora de El País

No se elige ser emprendedor. El emprendimiento le llama a uno allá donde se encuentre. Si es en una empresa el reto está servido. Trabajar en su transformación digital sumado al fichaje de talento joven, está empujando a  las compañías no solo a escuchar la voz de los empleados sino a darles la oportunidad de implementar sus propuestas encaminadas a generar nuevas oportunidades de negocio. Algunas lo envuelven como concurso de ideas y otras vía mentores que participen en el desarrollo de éstas. La cuestión es dar alas a ese talento que pide a gritos poner en marcha proyectos propios bajo parámetros de autonomía, responsabilidad y ensayo-error para engrosar esa delgada Tasa de Actividad Intraemprendedora. En España el 1,8% de españoles que goza de las posibilidad de emprender desde su trabajo, según cifras del Global Entrepreneurship Monitor, (GEM).

Es muy interesante descubrir  las capacidades y posibilidades de las plantillas. He trabajado 10 años en una compañía española del Ibex 35, líder en su sector, y desde mi prisma como comunicadora pude observar dos tipos de empleados base. El que ama la rutina y efectúa su trabajo desde la absoluta previsión del quehacer prácticamente automatizado y que cualquier situación de crisis o inesperada le perturba y muchas veces le impide avanzar. Y luego está el otro empleado que necesita algo más. Aquel cuyas moléculas del  ADN están impregnadas de creatividad, de innovación y de riesgo. Son vivaces y llegados a un punto en su empresa no se conforman con su día a día. De no encontrar salida se desmotivan y buscan fuera nuevas oportunidades.

Para poner coto a esta fuga de talento, las compañías han de aplicar, de forma generalizada, políticas para retener estas personas dotadas para ver oportunidades de negocio y nuevos nichos donde invertir en el seno de su entidad, sin perjuicio de la estrategia diseñada por sus directivos. Algunas están en ello y ya han puesto en marcha el intraemprendedurismo, Top Ten en los Recursos Humanos más vanguardistas,y que empieza con la tarea de detectar a este perfil de empleado, de cotejar su cultura empresarial  y su compromiso con la misma, de darle alas para fracasar y libertad para tomar decisiones así como formación en este ámbito. Por su parte el empleado debe corresponder desde el compromiso, con la seguridad de trabajar en un equipo, escuchar, aceptar críticas y sugerencias y alinear la estrategia de su propuesta con la de su compañía.

Acotar una retribución, un espacio Lab y un tiempo para esta revolución del talento es la clave del éxito para ver productividad. Así hay compañías que facilitan otro entorno distinto al cotidiano puesto de trabajo, así como entre 4 y 5 horas a la semana para ver generar nuevas propuestas de servicios, productos o expansión de negocio externo, además de dotar a este empleado de un variable, una vez aplicadas con éxito. Google y otras tecnológicas, proponen el 20% de la jornada para que el empleado tenga la oportunidad de trabajar en su propio proyecto.

Y es que la voz del empleado es necesaria para crecer y las compañías lo saben. Otra cosa es que lo apliquen. Según el informe del CISE sobre Emprendimiento Corporativo en España, el 86% de las entidades encuestadas tienen programas de apoyo al intraemprendedor y el 80% poseen herramientas para detectar el talento. Sin embargo, no se acaban de poner en práctica quizá debido a que solo el 15% compensan en especie la dedicación del empleado a la tarea de emprender dentro de la compañía, y menos del 50% lo retribuyen vía económica. Tirón de orejas para ambos. La empresa, para que retribuya correctamente al empleado que va a generarle nuevos ingresos. Café para todos. Y al empleado, para que sea él quien levante la mano de su iniciativa y no espere a que la empresa lo identifique.