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Viernes, 29 de Septiembre, 2017

Por: Laureano Berasategui, profesor del Máster in Human Resources Management de EAE Business School 

Según la encuesta "¿Cómo sería tu jefe ideal?", publicada por el Observatorio de Innovación en el Empleo (OIE) y promovida por Adecco, establece: “En resumen, para la mayoría de los jóvenes españoles la mejor aptitud que puede adoptar su futuro (o actual) jefe es la capacidad de liderazgo”…. Personalmente me pregunto ¿qué es lo que intentan decir?, porque con capacidad de liderazgo no dicen nada de nada. Liderazgo es uno de los conceptos de los que más se ha escrito en management y en otras disciplinas de las ciencias sociales. Y sin duda, que existe y se ejerce desde que el hombre es hombre. Pero dicho esto, paso y sigo al tema que nos convoca.

Propongo atacar directamente el tema en cuestión y, para ello, primero, intentemos ponerlo en contexto (….por aquello de Ortega y Gasset…. “El hombre, es el hombre y sus circunstancias”). Definiré jóvenes, para seguir contextualizando,  los que estén en edad laboral entre 20 y 30 años para simplificarnos. Dichos jóvenes han crecido en una sociedad global donde han decaído los valores (justicia, honradez, veracidad, etc.). Donde en primer lugar, las instituciones han perdido valor, prestigio y donde los que las han dirigido son cada vez menos respetados. Y esto considerando como instituciones desde las democracias y sus componentes (poder ejecutivo, legislativo y judicial), pasando por las sociales (religiosas, clubs, artísticas, etc.) hasta la incluso la fundacional, la familia como base nuclear de la sociedad.

En segundo lugar, dichas instituciones han perdido valor y respeto, porque quienes las dirigen no han sabido hacerlo y porque quienes los elegimos y deberíamos vigilar para hacerlo, por acción u omisión también hemos fallado. Y a tal punto las instituciones, quienes las dirigen y quienes las debemos elegir-controlar hemos fallado, pues a dichos jóvenes no les interesa ni quieren saber mucho de las mismas.

Con este panorama, la confianza, creo pasa a erigirse en el valor fundamental que decantará la mejor cualidad que valoren los jóvenes a la hora de ponerse en disposición de ser escuchados. Mírese bien que pongo al joven (empleado) como al cliente y al jefe como empleado. Es el joven el que va a decidir si le da la oportunidad al jefe de escucharlo. Sí, así están las cosas, y nos lo hemos ganado a pulso por el deterioro institucional y personal antes mencionado.  Y, para seguir,  la confianza hay que ganársela. Y se la gana siendo coherente y poniendo en práctica y ejerciendo los valores que hemos señalados como perdidos. Con lo que, si el líder se constituye en “ejemplar” y referente de “coherencia” entre lo que dice y hace, va por buen camino para ser elegido para escuchar.

Ya estamos en el ajo. La capacidad de escucha, permítaseme, como “una” de las cualidades que define a un buen jefe (o sea que hay unas cuantas por más para ser un buen jefe, pero para los fines del artículo nos centremos en esta). Creo que no hace falta aclarar que es el punto inicial para que exista esa necesidad vital que tenemos las personas que es la de comunicarnos. Luego, dicha capacidad de escucha, cuando es valorada, lo es porque ha sido activa, mirando a los ojos, tema de argumentación, conversación, debate, interés y de valoración sobre la eventual puesta en práctica sobre el tema que se escuchó. Requiere que un jefe trate de llegar a los pensamientos y especialmente a los sentimientos que hay detrás de lo que escuchó. Implica dejar hablar, no monopolizar, repetir lo dicho por el otro hasta dar con lo que verdaderamente la persona escuchada, siente. Sí, hasta dar con sus emociones. Y luego, concretar. Llevar lo escuchado y entendido por los dos, a la acción. ¡No dejar que se muera el tema!

Nadie dijo que un jefe puede ser cualquiera. Ni que sea fácil. Que haya cualquiera, es otra cuestión y gran problema. Requiere ser eficiente, eficaz, desarrollador de personas hasta el punto de poder ser reemplazado, justo, prudente, ético y ejemplar. Y la capacidad de escucha activa “es el comienzo de un buen jefe”. No hacerlo o no tener o desarrollar dicha habilidad directiva es propio de autoritario, y a ésos, los jóvenes capaces (no los mediocres) potencialmente buenos jefes en el futuro, no les duran, los jóvenes buenos se les “licúan”, sí, se les van, se les escapan.