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Lunes, 5 de Febrero, 2018

Las empresas de hoy tienen poco que ver con las de hace apenas veinticinco años, y seguramente tampoco con las que veremos en el futuro. Muchas de las compañías que son líderes en su sector no existían hace diez años y algunas de las que fueron punteras han desaparecido al no saber adaptarse a los cambios. Las nuevas tecnologías, un mundo global y, muy especialmente, los cambios en los hábitos de los consumidores son algunos de los factores que están impulsando el cambio en las empresas para adaptarse a los nuevos tiempos.

Teniendo en cuenta la velocidad a la que los “disruptores” hacen evolucionar el mercado a través de la innovación y aumentan las expectativas de los clientes, las empresas productoras y comercializadoras de productos hortofrutícolas, y por tanto sus proveedores de logística y transporte, se están viendo obligadas a mejorar la velocidad de las entregas (lead time), a aumentar la calidad de los productos y procesos, y a aumentar la flexibilidad.

Las nuevas tecnologías están cambiando no solo la forma de interactuar con los clientes y los proveedores, sino también con los propios productos y muy especialmente con los procesos productivos. Para poder avanzar, los procesos se deben analizar, planificar y mejorar pasando de la estandarización previa y necesaria de la filosofía lean six sigma a procesos totalmente automatizados o semiatomatizados.

Podemos observar cómo a pesar de que las nuevas tecnologías están a disposición de toda la industria, en el sector hortofrutícola son solo unas pocas empresas las que las están implementando. Para mantener o incrementar la competitividad es fundamental salvar la brecha que existe entre el querer y el poder. Las empresas hortofrutícolas del futuro más inmediato se definirán principalmente por atender a los cambios que se están produciendo en el consumidor y que deberán detectar con una escucha activa y ágil.

Aquellas empresas que busquen la transformación digital deben poner especial foco en varios aspectos: en primer lugar en la implantación de procesos de agilidad estratégica y de mejora de las capacidades de sus empleados, de manera que aprendan nuevos procesos más ágiles o adapten los ya existentes para que resulten más eficientes. Deberán adaptarse a los nuevos canales de distribución, especialmente a Internet, y para ello los equipos tendrán que aprender a manejar instalaciones más complejas y automatizadas.

En segundo lugar y teniendo en  cuenta que vivimos en una economía global que nos obliga a vender más allá de nuestras fronteras, las empresas deberán adaptarse a los requerimientos de cada país, y para ello deberán invertir en I+D+i de una manera directa o bien a través de alianzas estratégicas con otras compañías que posean la tecnología necesaria, especialmente en el área logística y de transporte internacional. Las empresas deberán afrontar el reto de ganar tamaño.

En tercer lugar tendrán que avanzar en la estructura de costes a través de una estrategia colaborativa de proyectos, un modelo productivo que las obligará a abrir la mente para romper algunos paradigmas y salir del “siempre se ha hecho así”.

En cuarto lugar deberán dar visibilidad a la información y compartirla en tiempo real con la propia estructura, los proveedores y los clientes, en una estrategia de integración vertical.

Solo llevando a cabo estos cambios, las empresas del sector serán competitivas en un mundo cada vez más global y que nos obliga a superar retos y barreras difíciles pero no insalvables.