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Jueves, 18 de Enero, 2018

Por: Javier Rivas, profesor de EAE Business School

Bitcoin, Ether, Ripple… y cientos de otras divisas virtuales o criptomonedas, en su mayoría basadas en la tecnología Blockchain, se están haciendo términos habituales en estos días. Para entender lo que son, hay que conocer las razones de su lanzamiento que coincide con una enorme crisis de confianza en los bancos, crisis como la de Lehman habían puesto a todo el sector en el centro de las críticas. En ese momento, el (o los) creador (es) de Bitcoin (no se conoce verdaderamente quién es el famoso Satoshi creador de Bitcoin) tienen la brillante idea de crear un medio de pago que no requiera de ningún banco.

En una transferencia bancaria el banco del ordenante comprueba que éste tenga dinero y el banco del receptor realiza los pasos pertinentes para la recepción del importe; con las criptomonedas, son los llamados mineros los que realizan las comprobaciones a través de complejísimos problemas matemáticos que requieren de un uso intensivo de procesamiento de cálculo: sólo la minería del Bitcoin consume más energía que 161 países según datos de Digitoeconomía. Estos mineros son la piedra angular de todo el sistema y asimismo se les retribuye por sus servicios prestados con la criptodivisa en la que estén realizando la minería. Los propios mineros son grandes jugadores en el mercado que se ha creado en torno a estas criptodivisas puesto que son los tenedores “primarios” de las mismas.

La tecnología en la que se sustentan casi todas es el blockchain, en la que se sustituye el garante externo por la encriptación de toda la información y una de sus principales ventajas reside justamente en que la información que se transmite de una parte a otra es mínima, y en la gran velocidad de las transmisiones que hacen que las operaciones puedan ser prácticamente instantáneas.

Sin embargo, como ocurrió durante la famosa burbuja “.com” estas divisas se han multiplicado como la espuma, y muchas de ellas se han demostrado como fraudes (algunas de las llamadas ICOs=INITIAL COIN OFFER) por lo que muy probablemente de los centenares de criptomonedas que hoy existen, casi seguro que no sobrevivirá más allá del 1% (en el caso de las “.com” el porcentaje actual está próximo al 0,3%).

El mejor representante de esta locura es el Bitcoin, primera divisa virtual que se creó y que llegó a cotizar a 20.000 dólares por unidad. Los inversores compraron esta divisa a pesar de que muchos analistas (empezando por Warren Buffet) alertan de sus elevadísimos riesgos, y no son raros los valores que multiplican por varias veces su valor en un solo día para luego caer estrepitosamente.

Curiosamente ahora, dado su escaso uso como medio de pago, muchas de estas criptodivisas y muy notablemente Bitcoin se han convertido en un refugio de valor… algo así como un oro criptográfico. Esto puede ser razonable si se trata de países cuyas divisas son muy débiles y además donde la inflación es muy elevada (Venezuela, Angola, Zinbawe), pero no tiene especial sentido en otros países porque la altísima volatilidad del bitcoin no lo hace especialmente apto para convertirse en reserva de valor.

En resumen, una tecnología muy prometedora (blockchain), una idea innovadora (realizar pagos sin necesidad de entidad financiera y de manera automática), pero con el lastre de que su actual valoración es excesiva.